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En los centros educativos se detecta la necesidad de abordar las situaciones de brotes xenófobos o bulos que propician el discurso del odio por motivos religiosos con herramientas innovadoras. Se escenifican discriminaciones, desigualdades y diferencias, con espacios físicos segregados y una nueva vulnerabilidad de desconexión social y vital, de ruptura de los vínculos sociales, que se convierte en itinerarios de exclusión. Con la COVID-19 y la brecha digital se ha puesto aún más de manifiesto esta desigualdad de oportunidades y de condiciones y la necesidad de intervenir a nivel de trabajo emocional y de socialización desde el arte, para frenar, no solo en lo teórico sino en lo emocional, las conductas intolerantes para defender la libertad religiosa y de credo, como elemento que nos enriquece.
Hace unos días os presentábamos el programa Diversidad y Pluralidad Religiosa desde lo Emocional – El Arte y la Cultura Religiosa Compartida, realizado por la Fundación Yehudi Menuhin España (FYME) en colaboración con la Fundación Pluralismo y Convivencia. Una iniciativa que pretende centrarse en los elementos religiosos que nos unen, en aras de una mejor convivencia en nuestros centros educativos, primero, y en la sociedad como fin último. Dentro de ese marco, los 8 centros que están realizando el proyecto, en las comunidades de Castilla-La Mancha, Madrid y en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, han trabajado el trimestre que ahora termina a partir de las ideas Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional” (1995) sobre lo que Howard Gardner había comenzado a esbozar acerca de las inteligencias intrapersonales e interpersonales y que se desprenden como habilidades prácticas de la Inteligencia Emocional: