Yehudi Menuhin, Unfinished Journey (Viaje inacabado)

Capítulo final del libro Viaje Inacabado¹ (Unfinished Journey) de Yehudi Menuhin

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Conclusión

El otro día me impresionó el interés y la respuesta de los alumnos de mi escuela de Surrey, cuando en nuestro diario encuentro matutino, en el que a veces me gusta hablar, pronuncié algunas palabras sobre religión. Nunca sospeché que éstas pudieran tocar una cuerda particular en los niños. El encuentro es deliberadamente aconfesional, dadas las diferentes creencias y orígenes de los alumnos; aquellos que lo desean tienen libertad para asistir a un rito de su elección una vez por semana, pero cada mañana nos concentramos antes de trabajar en los tres elementos que considero básicos en un rezo y plegaria: un canto, un texto que provoque la reflexión y un momento de silencio. Esa mañana les hablé brevemente sobre los orígenes de la fe y la misteriosa secuencia del nacimiento y la muerte, suscitando cuestiones cuyas respuestas nunca serán conocidas pero que la humanidad ha tratado siempre de resolver a través de rituales y símbolos. Expliqué cuán abrumadora y universal es nuestra necesidad de creer en alguna continuidad y sentido a la vida y cuán importante puede ser la religión para consolarnos después de la muerte de un ser querido.

La intensidad de la respuesta de los estudiantes a lo que les dije me reveló la inesperada profundidad de la vida interior del niño. Como he dicho, no sigo ningún credo en particular, pero tengo un profundo respeto por todas las grandes enseñanzas religiosas. En 1989 la Universidad Católica de Lovaina me invitó a hablar del tema y me descubrí escribiendo mi propia intima e idiosincrática oración. En ella no se menciona a Dios: expresa lo mejor de mis propias aspiraciones y creencias, y figura al final de este libro.

Más pronto o más tarde cada nacimiento debe convertirse en una muerte. A veces envidio la sencilla solución de los pueblos del desierto, que dejan sus cadáveres, envueltos de blanco, a merced de los animales salvajes y los elementos. He escrito mis propias notas sobre mis deseos personales en este tema y se basan en la idea de un alegre picnic en la ribera de un río. Sólo pensar en ataúdes, iglesias, fuego, lápidas de piedra, monumentos y ceremonias, es anatema para mí. Prefiero aquello que me permita reunirme lo más rápidamente con las fuentes de la vida, acompañado por música popular y danza. Si tiene que haber discursos, que hablen aquellos que me conocieron bien. Que la ceremonia y los gastos sean los mínimos y que el dinero así ahorrado vaya directamente a mis escuelas. De vuelta a la tierra, bajo un árbol, o en un río, ésta es mi elección.

Hasta entonces, sin embargo, todavía falta mucho por hacer. Quedan muchas batallas por luchar, todas ellas relacionadas con la gran batalla universal por la paz y la justicia. Tengo numerosos esquemas prácticos en mente para restablecer la esperanza entre los seres humanos sobre la base de la necesidad y el respeto mutuos.

También están mis propios compromisos profesionales, musicales, educativos, políticos y humanitarios. Sé que no soy eterno. Mi tiempo con Diana, mis hijos y nietos y la compañía de mis amigos me son cada vez más preciosos, por lo que intentaré liberarme de algunas responsabilidades en el momento oportuno. Pero en el momento de escribir estas líneas, los compromisos sobre los que he construido feliz y agradecido mi vida tienen muchos años de perspectiva por delante. Mi viaje no parece todavía acabado, y tengo la esperanza de que los caminos que he trazado sean seguidos por muchos otros en las incontables generaciones venideras.

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Plegaria

A Ti, a Quien no conozco ni puedo conocer –en mí o más allá de mí– y a Quien estoy unido por amor, miedo y fe –al Uno y a los Muchos– dirijo esta oración:

Guíame a lo mejor de mi, ayúdame a convertirme en alguien en quien confíen los seres vivientes, criaturas y plantas, así como el aire, el agua, la tierra y la luz que los sustentan; mantenme como alguien que respeta el misterio y el carácter de cada variedad de vida tanto en unicidad como en entidad, ambas esenciales para la supervivencia de cualquier vida.

Ayúdame a preservar mi capacidad para maravillarme, extasiarme y descubrir; permite despertar en mí el sentido de la belleza en cualquier lugar, y a compartir con otros toda la belleza que observamos, oímos, olemos, probamos o tocamos o que de algún modo concebimos a través de la mente y el espíritu; ayúdame a no perder nunca el vivificante ejercicio de proteger a todo el que respira, pasa hambre, tiene sed; a todo aquél que sufre.

Ayúdame a encontrar el equilibrio entre las recompensas más duraderas y los placeres más efímeros, mientras sigo sintonizando con los valores familiares y concediendo pacientemente al paso del tiempo su rica cosecha de fidelidades, experiencia, éxito, ayuda e inspiración.

Ayúdame a ser un buen guardián del cuerpo que Tú me has dado. Ninguna vida se puede hacer solo con mi deseo, ni siquiera “la mía”, porqué es como un objeto confiado a “mi” cuidado temporal, que ha de devolverse al círculo terrenal en la mejor condición posible para que otras vidas continúen.

Así pues, Hágase Tu deseo.

Que aquellos que me sobrevivan no lloren mi muerte sino que continúen siendo igual de serviciales, amables y sabios con los demás, que lo fueron conmigo. Aunque me gustaría vivir algunos años más disfrutando de los frutos de mi afortunada y rica vida, con mi preciosa mujer, familia, música, amigos, literatura y numerosos proyectos, en este mundo de culturas y gentes tan diversas he recibido ya la bendición, afecto y protección suficiente para satisfacer miles de vidas.

Permitidme ver, sentir e intentar valorar y entender la relación de la unidad de la trinidad en todas sus manifestaciones:

– nacimiento, vida y muerte
– creación, conservación y destrucción
– Madre, Padre e Hijo, y para el Hijo: Madre, Padre y Maestro
– y para los padres y maestros: niños, estudiantes e iguales
– pasado, presente y futuro
– cuerpo, mente y alma o espíritu
– uno mismo, familia y amigos
– amor, indiferencia y odio
– talento, arte y destreza
– sólido, líquido y gas
– luz, calor y sonido
– tiempo, espacio y sujeto
– el regional, el Estado y la comunidad de estados
– y muchas más trinidades

Ayúdame a distinguir el “triálogo” como lo opuesto al “diálogo” en toda confrontación. Ayúdame para que pueda decidir sabiamente sobre el reparto del placer y del dolor tal en la medida en que puedan entrar en mi jurisdicción.

Y finalmente, mientras Te suplico que me protejas de la ira y la condena, la mía de los demás y la de los demás de mí, te ruego no me castigues por satisfacer mis propias aversiones a:

Aquellos que exploten o corrompan buscando o abusando poder, dinero o autoindulgencia – tratando de obtener más satisfacción; desde el burócrata mezquino al ignorante y al arbitrario; ayúdales a distinguir los errores en su camino y a confesártelos a Ti.

Ilumínalos a ellos y a mí y ayúdanos a perdonarnos unos a otros.

También con aquellos enemigos que posiblemente tenga, ayúdame a distinguir entre los reconciliables y los irreconciliables, dame ánimos para buscar por todos los medios el entendimiento con los primeros, y hacer a los segundos ineficaces, a aprender de ambos y no antagonizarlos deliberadamente.

Dame la inspiración que has dado a la humanidad y anímame a respetar y seguir estos ejemplos vivos que consagran tu espíritu – el espíritu que hay en cada uno de nosotros y más allá– el espíritu del Uno y los Muchos – la iluminación de Cristo, de Buda, de Lao-Tsu y de los profetas, sabios, filósofos, poetas, escritores, pintores, escultores, todos los creadores y artistas, y toda la gente desinteresada, los santos y las madres, conocidos y desconocidos, los exaltados y los humildes – hombres, mujeres, niños de todos los tiempos y lugares – cuyo espíritu y ejemplo permanecen con nosotros y dentro de nosotros para siempre.

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YEHUDI MENUHIN

Traducción revisada por Enrique Barón

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