Saludo del Presidente

Yehudi Menuhin, el músico solidario

Por Enrique Barón Crespo
Presidente de la Fundación Yehudi Menuhin España

Yehudi Menuhin nació en Nueva York en 1916. Murió en Berlín, la ciudad testigo de sus triunfos musicales de adolescente y su valiente presencia en 1945. Su corazón no resistió —él decía de sí mismo que había nacido viejo y ahora empezaba a ser niño— a una actividad incesante: niño prodigio violinista, director de orquesta, incansable creador cultural, presidente de la Fundación que lleva su nombre y, sobre todo, hombre comprometido con la causa de la dignidad humana en su dimensión universal.

El Maestro era un hombre verdaderamente excepcional. Nacido en Nueva York, de padres judíos ruso-tártaros, criado en California y París, lord británico, ciudadano suizo, era un europeo de opción, lo que no le impedía apreciar con enorme atención y ternura todas las culturas, de la hindú a la boliviana, pasando por las africanas, como pusieron de manifiesto los conciertos que organizó en Bruselas en los últimos años.

Enrique Barón, presidente de la Fundación Yehudi Menuhin España

Pero, además de un genial violinista, Menuhin fue un espíritu libre, creativo y alegre, una persona dotada con ese carisma de la gracia tan difícil de encontrar, que le llevaba a formular con su eterna sonrisa las propuestas más aparentemente descabelladas, que, en el fondo, respondían a una lógica implacable. Así ocurrió con su compromiso durante la Guerra Mundial, en donde dio más de 300 conciertos para los aliados, su gesto de defensa y amistad hacia el pueblo alemán en 1945, al tiempo que condenaba el nazismo y tocaba en los campos de concentración en los que tantos judíos, gitanos y resistentes fueron exterminados su intervención en los actos inaugurales de la ONU en San Francisco (1945) y la UNESCO (1948), su enfrentamiento con los burócratas soviéticos para defender a Oistrakh y Rostropóvich, su lucha contra el apartheid en Sudáfrica, su actitud valiente en la Knesset de Israel, cuando al recibir el Premio Wolf en 1991 propuso una confederación israelí-palestina, y su empeño en conseguir que la Unión Europea se declarara guardiana de las culturas.

Cuando le conocí en 1990, algunas de sus tesis sobre la responsabilidad de Europa en el campo cultural me parecieron utópicas, acostumbrado como estaba al obligado ejercicio de pragmatismo y prudencia. Sin embargo, iniciamos en 1993 el programa MUS-E con la escritora Marianne Poncelet y el Cello Werner Schmitt. Hoy, el programa está activo en 12 países de la Unión Europea, Suiza e Israel-Palestina y gracias a él, más de 60.000 niños de barrios marginados, difíciles y excluidos pueden fomentar su creatividad y su dimensión humana a través del trabajo de mas de 2.000 artistas de la música, el canto, las artes plásticas, el teatro o la expresión corporal.

Fue un gran amigo España y creó personalmente la Fundación española en 1995. Desde su primer triunfo de adolescente con la Sinfonía española de Lalò, Yehudi Menuhin retornaba periódicamente a nuestro país, del que amaba la cultura, el folclor, la gastronomía y las gentes.

En su autobiografía, Viaje inacabado, concluía: “Sé que no soy eterno… Pero en el momento en que escribo, los compromisos en torno a los que he organizado alegremente mi vida tienen mucho camino por delante… Espero que los senderos que he abierto puedan ser continuados por muchas generaciones venideras”.

Ahora, celebramos los 20 años de existencia de la Fundación Yehudi Menuhin España con la esperanza de que, como los violinistas que vuelan en el cielo pintados por su paisano Chagall, su espíritu siga vivo en la obra que él inició.

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