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Vivimos en un mundo hiperconectado, donde compartir ideas, experiencias y aprendizajes se ha convertido en una necesidad para construir comunidad y avanzar juntos. Este principio es también uno de los pilares de la metodología MUS-E, que promueve el trabajo en red entre artistas, docentes y centros educativos. La transmisión de saberes entre compañeros, la escucha activa y el aprendizaje mutuo se trasladan también al aula, donde niños y niñas comienzan a descubrir el valor de crear en colectivo desde sus primeros años de escolarización.
Aunque gran parte de nuestra comunicación diaria se basa en el lenguaje oral, numerosos estudios han demostrado que el componente no verbal es igual o incluso más importante a la hora de transmitir información. Según el investigador Albert Mehrabian, en una situación donde hay incongruencia entre lo que se dice y cómo se dice, solo el 7% del mensaje corresponde a las palabras, mientras que el 38% lo transmite el tono de voz y un 55% el lenguaje corporal.
Las emociones forman parte esencial de la experiencia humana. Afectan a cómo interpretamos la realidad, cómo reaccionamos ante los demás y cómo nos situamos en el mundo. Aunque existen emociones básicas compartidas por todas las personas —como la alegría, la tristeza, el miedo o la ira—, su interpretación y vivencia varían enormemente según el contexto, la historia personal o el momento vital de cada individuo. Una misma situación puede provocar risa en una persona y angustia en otra, y eso, si no se comprende, puede generar malentendidos, distancia o incluso prejuicios.
El arte no solo comunica, también conmueve, une y transforma. Cuando se utiliza para compartir emociones o despedirse de una etapa vital, su significado se intensifica, como ha demostrado el CEIP Francisco Tomás y Valiente de Velilla de San Antonio (Madrid), donde el arte y la solidaridad se han encontrado en un mismo día, en una celebración doble que ha unido el Día MUS-E del centro con su tradicional carrera solidaria.
La elección de una palabra como “ALEGRÍA” implica una toma de conciencia sobre las emociones que atraviesan el día a día, y permite iniciar procesos de reflexión colectiva desde el arte. Además, trabajar dichas emociones aportan herramientas que pueden ayudar en el presente a construir relaciones más conscientes y en el futuro a sostener actitudes que favorezcan la convivencia y el bienestar común.
El pasado 30 de mayo, el CEIP Ramón María del Valle-Inclán de Madrid acogió una nueva edición del Festival Vive Convive, una cita anual promovida desde 2008 por la comunidad del barrio de San Blas. Este año, por primera vez, el evento se celebró en el propio centro, como parte del proyecto solidario El Valle-Inclán, corazón de San Blas, una iniciativa que busca abrir el patio del colegio al barrio como espacio de encuentro, ocio y convivencia fuera del horario lectivo.
Durante una de las últimas sesiones del curso en el CEIP Sagrado Corazón de Madrid, los niños y niñas de infantil participaron en una propuesta artística de la mano de la artista de música Nora Usterman. Además, estuvieron muy bien acompañados por adultos durante la actividad, una figura muy importante en el desarrollo de los niños y niñas.
Ramiro Adrada, artista de audiovisuales nos transmitía cómo el móvil para una de las sesiones realizada en el IES La Senda de Madrid ha sido el medio para que los chicos y chicas pudieran expresar sus gustos, sentimientos, emociones.