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Un simple folio puede convertirse en un instrumento cuando lo acompañan el ritmo, el cuerpo y la imaginación. Así lo han demostrado Sayuri y la comunidad educativa del CEIP Francisco Giner de los Ríos, en Andalucía, durante un taller intergeneracional en el que la música y el movimiento fueron protagonistas.
El juego de “Las Estatuas”, muy común en la infancia, es un ejercicio consiste en que los participantes detienen su cuerpo completamente en una determinada posición, como si fueran esculturas. A través de él pueden representarse todo tipo de situaciones, animales, acciones…
En el IES Rafael Frühbeck de Burgos, situado en Leganés, Madrid, el arte se ha convertido en una herramienta para reflexionar, crear y también evaluar. En el marco del programa MUS-E, el artista de audiovisuales Ramiro Adrada ha desarrollado con los grupos del centro una propuesta centrada en la importancia de valorar el trabajo realizado como parte del proceso educativo. Entender la evaluación no como una meta final, sino como una oportunidad de mejora, ha sido el eje central de las sesiones.
Las diferencias individuales no solo nos hacen únicos, sino que también enriquecen profundamente nuestra manera de ver el mundo y de relacionarnos con los demás. En una sociedad plural, aceptar y valorar lo distinto permite construir comunidades más inclusivas y creativas, en las que cada persona encuentra su lugar desde lo que la hace especial.
La música tiene un papel clave en el desarrollo cognitivo y emocional durante la infancia. Numerosos estudios avalan su capacidad para mejorar la memoria, la coordinación, el lenguaje o la atención, además de fomentar habilidades sociales y valores como la escucha, la empatía o la cooperación.
El CEIP Juan Güell de Talayuela, en Extremadura, ha celebrado recientemente su Día MUS-E, una jornada especial que convierte el centro educativo en un escenario donde el arte cobra vida y se convierte en herramienta de transformación, aprendizaje y celebración colectiva.
En el ámbito artístico y educativo, la creación colectiva representa una poderosa metáfora de lo que ocurre día a día en las aulas: niñas y niños crecen, aprenden, se desarrollan, no gracias a una única persona, sino al esfuerzo compartido de todos los docentes que los acompañan. Cada uno de esos profesionales contribuye con su experiencia, visión y conocimientos a la “obra de arte” que es cada alumno.
La implicación de las familias en el proceso educativo es uno de los pilares fundamentales para lograr una comunidad escolar más fuerte, cohesionada y con un entorno de aprendizaje más rico. Cuando madres, padres, abuelos o tíos se suman a las dinámicas del aula, no solo refuerzan los vínculos afectivos, sino que también se convierten en agentes activos en el crecimiento de niñas y niños.