El arte no es un compartimento aislado del conocimiento. Lejos de eso, se entrelaza constantemente con disciplinas tradicionalmente consideradas “serias” como la ciencia, la literatura, las matemáticas o la geografía. Esta conexión no solo genera sinergias creativas que desembocan en resultados artísticos y educativos de gran valor, sino que también estimula el desarrollo del cuerpo, la mente y las emociones, especialmente útil en entornos de diversidad funcional. El arte, con su flexibilidad y poder evocador, se convierte así en una herramienta pedagógica insustituible.
















