Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026: el CEIP Méndez Núñez de Madrid incorporó VoluntariArte para trabajar participación social y acción voluntaria desde el arte

 

El voluntariado adquiere sentido cuando encuentra espacios concretos en los que ponerse en práctica. En 2022, uno de esos espacios fue el CEIP Méndez Núñez de Madrid, donde comenzó un nuevo taller dentro de VoluntariArte, el programa impulsado para acercar la acción voluntaria al ámbito educativo y acompañarla con herramientas artísticas y de participación social.

Este nuevo taller de voluntariado en el CEIP Méndez Núñez, recogía precisamente ese inicio y mostraba cómo el programa iba tomando forma en centros concretos. El trabajo partía de una idea que queremos seguir destacando en este Año Internacional de las Personas Voluntarias: querer colaborar es importante, pero para que esa voluntad se convierta en una acción útil también hacen falta recursos, acompañamiento y espacios donde poder intervenir. 

El arte ocupaba un lugar central dentro de ese planteamiento. VoluntariArte utilizaba la metodología MUS-E para trabajar la expresión, la creatividad y la inteligencia emocional, incorporando estos recursos al proceso de formación y acción del voluntariado. De esta manera, las personas voluntarias podían acercarse al trabajo con niños y niñas desde lenguajes artísticos que favorecieran la participación y la creación compartida.

La puesta en marcha de un nuevo taller suponía también un paso más en la construcción de una red de voluntariado vinculada a los centros educativos. Cada incorporación permitía ampliar el alcance del programa y abrir nuevas posibilidades de colaboración entre personas voluntarias, docentes, niños, niñas y el resto de la comunidad educativa.

Recuperar hoy esta noticia permite fijarnos en una dimensión concreta del voluntariado: la importancia de pasar de la formación a la acción. Los procesos previos de preparación adquieren todo su sentido cuando las personas voluntarias pueden trasladar lo aprendido a espacios reales, adaptarse a las necesidades de cada centro y comenzar a construir relaciones con quienes forman parte de él.

Cada voluntario y cada voluntaria aporta tiempo, disposición y capacidades diferentes. Cuando esas aportaciones encuentran una metodología, un equipo y un espacio de intervención, pueden convertirse en una parte activa del trabajo de la comunidad.

Además, estas experiencias permiten acercar a los propios centros una cultura de participación en la que colaborar con otras personas no se entiende como algo excepcional, sino como una posibilidad real de implicación social. El voluntariado se convierte así en un puente entre la iniciativa individual y el trabajo colectivo.