
Cada 1 de octubre celebramos el Día Internacional de la Música, una conmemoración estrechamente vinculada a Yehudi Menuhin y a Boris Yarustowski y a su forma de entender la música no solo como expresión artística, sino también como un lenguaje capaz de favorecer el encuentro entre personas, culturas y pueblos.
Fue el propio Menuhin, entonces presidente del Consejo Internacional de la Música, quien propuso en 1973 la creación de una jornada dedicada a la música. Dos años después, en 1975, se celebraría por primera vez el Día Internacional de la Música, promovido por este organismo vinculado a la UNESCO.
Más de medio siglo después de aquella propuesta, su planteamiento mantiene buena parte de su sentido: escuchar música implica también aprender a escuchar. Supone prestar atención a otras voces, descubrir otras culturas y reconocer formas diferentes de expresar experiencias, emociones e identidades.
Para Yehudi Menuhin, la música estaba directamente relacionada con la convivencia y con la posibilidad de establecer vínculos más allá de las diferencias culturales, sociales o geográficas. De ahí que esta jornada naciera también con la intención de favorecer la paz, la amistad entre los pueblos y el intercambio de experiencias musicales.
Ese diálogo a través de la música continúa formando parte de proyectos que desarrollamos actualmente. Es el caso del proyecto europeo Erasmus+ Sing My Song, coordinado por la Associação Yehudi Menuhin Portugal (AYMP)y desarrollado junto a la Fundación Yehudi Menuhin España y MUS-E Bélgica.
A través del proyecto, niños y niñas de Portugal, España y Bélgica trabajan con canciones y músicas vinculadas a sus respectivos entornos culturales, las comparten con los otros centros y desarrollan creaciones conjuntas. Las músicas populares se convierten así en un punto de partida para conocerse, reconocer aquello que diferencia a cada territorio y, al mismo tiempo, encontrar elementos comunes.
Durante su desarrollo, centros de Leiria, Toledo y Bruselas han intercambiado repertorios, experiencias y procesos creativos. Esa dimensión compartida permite utilizar la música como puente entre contextos distintos y trabajar sobre una identidad europea construida desde el conocimiento mutuo, la diversidad cultural y la creación colectiva.

Sing My Song traslada así al presente una idea que atraviesa el pensamiento de Yehudi Menuhin: la música puede ayudarnos a relacionarnos con quienes tenemos delante sin necesidad de borrar las diferencias. Por eso mismo hoy, como siempre, os invitamos, no solo a tocar o cantar, sino también a escuchar. Escuchar otras músicas, otras historias y otras formas de entender el mundo. Porque compartir música también puede ser una manera de empezar a comprendernos.