#LACULTURAESSEGURA #LACULTURAASEGURA, por Albert López Vivancos

 

Dicen que la cultura es segura. ¿Ahora? Siempre lo ha sido, ¿no? Pero parece que, con toda esta historia del maldito bicho, los que hacemos cultura de repente tenemos que buscar  la poción mágica de la seguridad.

Por Albert López Vivancos, artista MUS-E Cataluña

Dicen que la cultura es segura. ¿Ahora? Siempre lo ha sido, ¿no? Pero parece que, con toda esta historia del maldito bicho, los que hacemos cultura de repente tenemos que buscar  la poción mágica de la seguridad. Hemos de hacer un hechizo y, de golpe, todo es seguro a nuestro alrededor. ¡No! ¡La cultura siempre ha sido y es segura! ¡Siempre!

Pero parece que a algunos les da miedo. Sí, a algunas personas les da miedo esto de la cultura segura. Y no es que tengan miedo de contagiarse; no es que les preocupe que la gente mantenga la distancia de seguridad en la cola del teatro, de un concierto, de una exposición o conferencia o en el cine; ni tampoco que los espectadores aguanten toda la sesión con la mascarilla puesta. Les da miedo porque la cultura es segura y también asegura. Esto es lo que realmente les aterroriza a algunos: que la cultura asegura.

Está claro que la cultura es un elemento de ocio de las personas, que proporciona placer, que nos hace disfrutar. Pero las actividades culturales van más allá del propio disfrute. Y ahí está el tema: cuando la cultura nos hace traspasar la línea de lo que sería “pasar el rato entretenido”. El problema surge cuando la cultura, además de ser segura, asegura. Algo muy en la línea del gran humanista Yehudi Menuhin,

La cultura asegura una sociedad que no tiene que pensar en la seguridad porque esas medidas que hemos que cumplir son de sentido común, porque tenemos claro que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás. Pero sobre todo, la cultura asegura una sociedad crítica, que es capaz de valerse por sí misma; asegura una sociedad íntegra donde todo el mundo se puede sentir integrado; asegura una sociedad formada; asegura la creatividad, la espontaneidad, la sensibilidad, la tolerancia; asegura la autocrítica y todo esto nos conduce a ser mejores personas, a ser mejor sociedad.

Me asalta la duda  de si algunos Aquellos que  sienten  miedo a que sigan los teatros, los cines, los museos abiertos no tienen miedo de que las personas  piense por sí mismas, Es más fácil dirigir una sociedad inculta, que no es capaz de cuestionar las decisiones de los que teóricamente deben dirigirnos y procurar nuestro bien como personas libres.

Por eso el futuro de una sociedad depende en buena parte de mantener el hábito por la cultura, sea cual sea. Hay que fomentar la lectura, el teatro, la música y la danza, el arte y todo lo que significa crecer como personas y como sociedad. Es imprescindible para poder seguir adelante, para dejar un futuro digno a todos aquellos que vendrán detrás de nosotros y nosotras

De hace unos años tengo el privilegio de colaborar en un proyecto que tiene como objetivo asegurar una sociedad más igualitaria, más racional, más solidaria. El Programa MUS-E de la Fundación Yehudi Menuhin España es eso, pretende eso: crear una sociedad mejor desde el arte y la cultura. Estoy convencido de que las niñas y los niños MUS-E, aquellos que durante años han podido vivir el arte y la cultura en su proceso educativo, nos aseguran un futuro mejor. Porque la cultura es segura y, sobre todo, asegura.

La cultura seguirá siendo segura aunque les pese a algunos. Y la cultura seguirá asegurando aunque les pese a algunos.

“El arte de la creación reside el don de percibir lo particular, de generalizarlo y de crear, en consecuencia, de nuevo lo particular. Es pues un potente transformador, así como un generador de soluciones creativas con respecto a un problema dado. Es la moneda de intercambios humanos: aquella que permite compartir los estados del alma y de la conciencia, de descubrir los campos nuevos de experiencia”. Yehudi Menuhin

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