José Luis Linaza: “El MUS-E es un salto cualitativo muy importante y tiene un valor inmenso”

José Luis Linaza

José Luis Linaza, profesor emérito de la UAM de Madrid y especialista en juego, desarrollo y educación en diferentes culturas estuvo presente el XVI Encuentro de Formación EnRedArte, que la Fundación Yehudi Menuhin España organizó los días 16, 17 y 18 de marzo en la Residencia la Cristalera, de Miraflores de la Sierra (Madrid), en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Servicio Español para la Internacionalización de la Educación (SEPIE – Erasmus+), el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, y el Fondo de Asilo, Migración e Integración(FAMI).

El profesor llevó a cabo una ponencia en la jornada inaugural del encuentro sobre ‘Arte y Desarrollo Infantil’. De eso, del juego, de la madurez del ser humano, de la necesidad de jugar inherente a nosotros y nosotras desde que nacemos y del papel de Programa MUS-E como herramienta educativa y artística charlamos con José Luis Linaza.

¿El arte es un juego?

El arte tiene un componente lúdico esencial y de otra manera no es arte. Si no, se convierte en una actividad que tiene una meta. El arte debe tener un componente de disfrute por el mero hecho de hacerlo. La gente que destaca es porque encuentra un placer intrínseco en lo que está haciendo y porque tiene un componente de atrevimiento que no se da en otras situaciones. Es decir, quien domina algo y se atreve es porque busca salir del camino ya conocido y controlado.

Mencionabas en otras charlas que los niños y las niñas buscan con el juego modificar la realidad.

Lo intentan. Si la realidad le impone a un niño ciertas cosas, en el juego las impone él. En la vida real no puede salir solo de casa, pero jugando sí y eso le da al juego un valor enorme. Y luego tiene una ventaja y es que si hay un conflicto y no le interesa, se va.

Existe por tanto una libertad en el juego.

Claro, la libertad de hacerlo o hacerlo, de pasar por el conflicto o no pasarlo.

Sin embargo, a la vez que hay libertad para elegir jugar, también hay una serie de reglas en esos juegos que pueden limitar la libertad

En los juegos de reglas se tiene que estar de acuerdo antes de empezar. Las reglas son una realidad en el juego que debe ser acordada previamente al inicio. Mientras que un juego de intuición puede cambiar sobre la marcha.

En la Fundación, a través del Programa MUS-E, articulamos muchos talleres artísticos con los niños y niñas. Siempre has defendido que la mejor manera de aprender el arte es haciéndolo.

Haciéndolo, sí. Así es como se enseña el arte en general. La enseñanza artística es un arte en la acción. La escuela se ha convertido en un espacio donde tienes que aprender cosas sin saber las razones. ¿Por qué me tengo que aprender yo la tabla de multiplicar? Puede pensar eso alguien, pero si hubiera o se explicara una necesidad asociada a ese aprendizaje podría ser diferente. El sí porque sí no funciona. Hay que descubrir las capacidades del alumnado. Me dicen muchas veces que ‘este niño no tiene memoria’. Y yo digo que, por ejemplo,  si le gusta el fútbol, le preguntes cuántas alineaciones se sabe a ver si tiene memoria o no.

¿Jugar es una necesidad?

Los seres humanos somos la única especie que juega toda la vida. Las demás lo hacen sobre todo cuando son crías o sus mamás, en otros casos; pero con el ser humano existe la necesidad de hacerlo siempre, a lo largo de toda la existencia.

¿El juego y el arte son democráticos?

Estamos ante la pregunta del millón. El juego de reglas introduce un mecanismo poderoso que son las mayorías. Pero el arte es siempre algo muy individual y la innovación es la apuesta de un individuo que se atreve a desafiar a las mayorías.

Juego y arte confluyen desde hace 25 años en el Programa MUS-E. ¿Qué valor tiene el programa MUS-E a lo largo de este cuarto de siglo?

Un valor inmenso. El MUS-E proporciona a miles de niños cada año la posibilidad de acceder al arte y les da también las ganas de aprender, de disfrutar. Y eso es tan sencillo como introducir el componente de un artista en las escuelas. De esto se benefician todos: los niños y niñas, el profesorado y los propios artistas. Hay un aprendizaje a tres bandas. El MUS-E es un salto cualitativo muy importante.

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