COVID-19 y África: el caso de Senegal

 

Este 25 de mayo es el Día de África. Una vez más África es invisible y hay pocas noticias de su situación en el marco de la COVID-19. Por eso hoy queremos haceros partícipes del relato que nos cuenta nuestro gran amigo y colaborador de la FYME en Senegal Insa Sene.

LA LLEGADA

  • El emigrante italiano y el del francés de Saint-Louis. Las fronteras porosas.

Cada tarde las teles de toda África destilaban noticias de una gripe muy virulenta que arrasaba una provincia china. Rápidamente los padres de estudiantes en China formaron un grupo de presión para el retorno de sus hijos. No habíamos acabado de estar a favor o contra cuando tuvimos noticias de un migrante que volvió al país con los gérmenes de la enfermedad. Junto a él unos europeos que volvían de sus vacaciones de invierno esparcieron la gripe.

Estábamos a principios de 2020.

LOS PRIMEROS CASOS

Las primeras víctimas fueron africanos de renombre como Pape Diouf, antiguo presidente del FC Marsella y el internacionalmente conocido trompeta Manu Dibango. En aquel entonces se habló mucho del síndrome de los años bisiestos en que mueren personas famosas.  Lo que iba a acontecer no era imaginable.

Con los primeros muertos se notó también fallecimientos de dignatarios religiosos y la gente empezó a tener miedo. Reaccionaba el gobierno con medidas que muchos no aceptaron.

  • La elite religiosa, industrial y cultural.
  • De cómo se comportó la gente.
  • Escenas callejeras.

Con el toque de queda muchas ciudades se convirtieron en Pamplonas tropicales: verdaderas  escenas de encierro con policías corriendo y golpeando a gente que cada noche salía a las calles para poner nerviosos a las fuerzas del orden.

Pisando las huellas de las autoridades de La Mecca y Medina, las mezquitas fueron cerradas. El alto clero senegalés emitió una orden en este sentido y las iglesias fueron cerradas. Así mismo, fueron prohibidas las concentraciones  tanto religiosas como civiles. Pero la resistencia de unos imanes nos llevó al borde de una guerra religiosa.

Las medidas universales de lucha contra la COVID- 19 llegaron y no tuvieron mucho éxito entre la gente que lo asimilaba a una crónica de asesinato anunciado. Sobre todo cuando se impusieron al sector del transporte público y al de los mercados de barrio.

Todos los centros de enseñanza fueron cerrados desde los de  infantil a las universidades para gran regocijo de los alumnos.

EL CHOQUE EMOCIONAL

Las noticias venidas de fuera y los centenares de muertos por el mundo, lejos de infundir el pavor alimentaron otro fenómeno: el de los infox o fake news.

Las redes sociales no cesaban de verter noticias desde la invención de la enfermedad a la teoría del complot de un tal Bill Gates, pasando por el afán de enriquecimiento de Big Pharma.

Como si fuera poco, empezaron casos de estigmatizaciones que obligaron a ciertas personas a callar los casos aparecidos en sus familias aumentando así los números de muertos.  Hay que confesar que la gestión de los entierros por parte del servicio nacional  de higiene no incitaba a una colaboración por parte de los familiares de fallecidos.

EL CHOQUE POLÍTICO

Cuando acabo de instalarse, la COVID-19 puso de realce algo que todos denunciábamos:

  • Ausencia de estructuras capaces de recibir a los pacientes. En efecto, los políticos africanos se van a hospitales y clínicas extranjeros y no se preocupan de la salud de sus conciudadanos. Unos hoteles fueron requisados para los casos menos graves menos de 100 camas fueron diseminados en unos hospitales para los casos graves. Menos de 100 camas para 17 millones de habitantes. El colapso no tardó en llegar. Las criticas vinieron de todos lados y mucha gente dio las gracias a Dios por haber permitido el cierre de los espacios aéreos obligando a los poderosos a que vean lo flojo de nuestro sistema de sanidad, que lo vivan en sus carnes y que mueran como el resto de senegaleses. 
  • En efecto empezaron a morir altos cargos de las famosas cofradías religiosas porque oficiaban en los funerales de sus seguidores. Luego capitanes de la industria, artistas famosos, y profesores de universidades. Es decir mucha gente de la clase alta y la gente lo entendió como falta de defensas naturales de personas acostumbradas a vivir en cierto lujo, lejos del mundo del trabajo duro.
  • Lo más sorprendente fue el pase libre del que gozaba parte de la población mientras el confinamiento machacaba a los que no podían trabajar para comer. La muerte de una joven directora financiera de una empresa por sobredosis mostró que jóvenes de cierta clase social disponían de pase libre hasta de escolta policial para seguir haciendo fiestas. Indignación general y rechazo por parte de toda la clase política. Vimos que el toque de queda era para los más pobres. Duras criticas fueron para el gobierno que para muchos solo copiaba medidas venidas de Francia y ni siquiera se tomaba la molestia de estudiar las posibles consecuencias para corregirlas: 

EL CHOQUE ECONÓMICO

Allí, fue donde los problemas fueron más cruciales.

Era conocido de todo el mundo que el “gorgorlu” era un hombre que trabajaba para comer. En efecto el sistema económico africano no está basado en salarios y ahorros para la inmensa mayoría. Por ejemplo somos 17 millones de habitantes y los trabajadores del sector público como del privado no ascienden a 500.000.

Esa inmensa mayoría constituye el sector informal que acabo imponiéndose como sector vital de la economía senegalesa.

Están en los puestos de los mercados, en los puestos de todas las calles, en el transporte, en las obras, en los talleres de carpintería, de mecánica, de soldadura, de costurería,  de la pesca tradicional…

  • Las autoridades se percataron muy rápido de que los casos de incumplimiento de las medidas no eran actos de rebeldía sino de supervivencia. Prefirieron enfrentar posibles sentencias a una muerte lenta.
  • El gobierno decidió poner 10 mil millones para la compra de alimentos y ayudar así a la franja más impactada por la pandemia.

Desgraciadamente, la gestión fue confiada al cuñado del presidente de la República y la repartición de tales productos (arroz, aceite, azúcar etc.) conoció muchos problemas.

Cabe señalar que las mujeres suplieron a todos estos hombres inmovilizados por la pandemia. Se las vieron muy dinámicas en el pequeño comercio para que la marmita “siga en el fuego” en muchas casas

LA VACUNA Y LA POLÉMICA

  • Las redes sociales se llenaron de avisos contra la vacuna. Muchos africanos desde el extranjero pidieron a sus familiares que no se hicieran vacunar y presentaron la vacuna como la peor de los inventos de blancos para terminar con la raza negra.
  • La polémica se infló y el gobierno no fue muy contundente con una política dinámica de comunicación. Lo que no dejaba de sorprender a muchos. Y cuando llegaron las primeras vacunas desde la OMS, los políticos se vacunaron, vacunaron a sus familiares y amigos, a sus partidarios, olvidándose de la gente que esperaba una hipotética llamada después de haberse alistado por internet.

VIVIR CON LA ENFERMEDAD

  • Un año después casi todas las medidas están quitadas y el presidente de la República decreta que tendremos que vivir con la enfermedad. Volver al trabajo se vuelve una necesidad imperiosa.
  • Gestión cotidiana de la pandemia por el Ministerio de Sanidad.
  • Censo de los casos de contagio procedente de contacto con enfermos y seguidos por los servicios del Ministerio; los casos de contagio comunitario de origen desconocido; los casos revelados después de control en las fronteras: el número de muertos y de pacientes curados.
  • Mascarilla obligatoria en todas los áreas públicas. Lavado de las manos y prohibición de ceremonias familiares y religiosas.

SITUACIÓN ACTUAL

  • Relajamiento en la calle, y de los transportes públicos.
  • La vuelta a la normalidad excepto en ciertas mezquitas cerradas desde el principio de la pandemia.
  • Y toda la fiebre del principio pasa a la historia como metempsicosis de la creación de una nueva sociedad que ha digerido la rebeldía de esos padres de alumnos que querían que se les devolvieran a sus hijos estudiantes en la provincia de Wuhan en China; la concentración pueblerina del interior contra el entierro de los fallecidos por coronavirus;  la oposición de todos cuantos no quisieron que las brigadas del servicio de higiene penetraran en sus casas para llevar a los cadáveres y enterrarlos conforme con el protocolo de la COVID-19; la brutalidad y exceso de celo de la policía que cobraba multas por falta de mascarilla. Y si uno no podía pagar, le obligaban a que llamase a sus familiares para pagar por agencias de transferido de dinero.

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