
El voluntariado puede adoptar muchas formas y poner al servicio de otras personas conocimientos, habilidades y lenguajes artísticos diferentes. En diciembre de 2021, recogíamos el trabajo que Manuel Rincón, Payaso Pilili, y Diego San Andrés, Totobi, desarrollaban como voluntarios en el CEIP Marcelo Usera de Madrid a través de dos iniciativas: “Proyecto Pilili” y “Malabares Solidarios”.
En el “Proyecto Pilili”, el payaso y los malabares servían como herramientas para trabajar la creatividad, la imaginación y la inteligencia emocional. Las sesiones eran preparadas previamente junto con las docentes, definiendo las emociones que iban a abordarse y la forma de representarlas. Posteriormente, el trabajo se trasladaba también al patio mediante propuestas de malabares adaptadas a las características y necesidades de los niños y niñas.
La acción voluntaria aparecía así integrada dentro de un equipo en el que cada persona aportaba conocimientos distintos. El componente artístico se coordinaba con el trabajo educativo para ofrecer otros canales desde los que acercarse a las emociones y a las relaciones sociales.
“Malabares Solidarios”, por su parte, se desarrollaba en el centro desde el curso 2017-2018 con niños y niñas de sexto de Primaria. El objetivo era aprender destrezas malabares para realizar posteriormente muestras solidarias. A lo largo de aquellos años, estas actuaciones llegaron a residencias de personas mayores, a los hospitales madrileños Doce de Octubre y Gregorio Marañón y al centro de educación especial Joan Miró.
Recuperamos esta experiencia durante el Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026 porque permite ver cómo una habilidad artística puede convertirse en una herramienta para la acción voluntaria. Quienes colaboran no aportan únicamente su tiempo: también ponen a disposición de otras personas aquello que saben hacer y lo integran en un proceso colectivo.
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