Arte en Escena: Salvatore Cibelli recupera en Punta Brava un mural nacido desde la comunidad

 

En Punta Brava, en Puerto de la Cruz, el artista italiano de artes plásticas en la FYME, Salvatore Cibelli, está restaurando y reformulando el mural que realizó en 2009, una obra que el propio entorno vecinal reconoce como la primera intervención de arte urbano a gran escala del municipio. La pieza nació antes del proyecto de La Ranilla como museo al aire libre y surgió por iniciativa de los vecinos y las vecinas, que pidieron al artista intervenir la fachada de la antigua casa de Doña Carmen para devolver dignidad a un espacio que se estaba degradando.

El motivo central de aquella obra fue una platanera, elegida sobre todo por las personas mayores del barrio por su relación con los antiguos cultivos de la zona. Con el paso del tiempo, el mural se convirtió en un punto de reunión y en una imagen reconocible del lugar, integrando además la línea del horizonte del mar con la propia pintura. Esa relación entre arte, memoria y vida cotidiana explica bien por qué esta restauración no se entiende solo como una intervención sobre un muro, sino también como una forma de cuidar una parte de la historia compartida del barrio.

La actuación actual responde tanto al deterioro causado por el salitre y la humedad como a los daños sufridos durante la remodelación de la calle Tegueste, cuando se instalaron cabinas eléctricas sobre la obra. Ante esa situación, Salvatore Cibelli ha optado por no rehacer el mural de forma idéntica, sino por reinventarlo: mantiene la platanera como eje central y transforma la zona afectada en un almacén de pescadores con una embarcación. Para completar el trabajo, ha solicitado al Ayuntamiento un andamio que le permita acceder con seguridad a las zonas más altas del enfoscado.

Esta intervención vuelve a recordar que el arte no cumple solo una función visual. También puede sostener vínculos, activar memoria colectiva y reforzar la relación entre una comunidad y sus espacios. En este caso, la restauración del mural de Punta Brava muestra cómo una obra nacida del acuerdo entre vecinos y vecinas sigue teniendo sentido años después, no solo por su valor plástico, sino por lo que representa para quienes la reconocen como parte de su paisaje cotidiano.

 

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