
Formar posturas es también una manera de expresarse. Cuando varios niños y varias niñas se enlazan, se mezclan y ajustan su cuerpo al de los compañeros y las compañeras para construir una figura compartida, no sólo están ensayando una secuencia de danza: están aprendiendo a escucharse, a coordinarse y a ocupar un lugar dentro del grupo. El cuerpo, en ese momento, se convierte en lenguaje.
Eso es lo que muestra este nuevo trabajo desarrollado en el CEIP Velázquez de Melilla, junto a José Andrés Pascual, artista de danza. A
partir de una propuesta centrada en entrelazarse bailando y en crear entre todos y todas una figura original mediante posturas compartidas, la sesión vuelve a situar la danza como una práctica de relación. Cada niño y cada niña aportan su gesto, su posición y su atención para que la forma común pueda sostenerse. No hay figura colectiva si no existe escucha mutua.
La danza tiene aquí una función clara dentro de MUS-E. Se trata de trabajar durante el proceso cuestiones que forman parte de la vida escolar: la confianza, la atención al otro y a la otra, la conciencia del espacio y la necesidad de coordinarse para que algo común suceda.
Además, recordamos una idea de Yehudi Menuhin, nuestro fundador, especialmente pertinente para esta sesión: la música podía ser “un puente entre los pueblos”. Esa imagen del puente también sirve aquí para pensar la danza, porque unir cuerpos, tiempos y miradas, es otra forma de tender vínculos.
El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, la Consejería de Política Social, Salud Pública y Bienestar Animal de la Ciudad Autónoma de Melilla y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.