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Aunque gran parte de nuestra comunicación diaria se basa en el lenguaje oral, numerosos estudios han demostrado que el componente no verbal es igual o incluso más importante a la hora de transmitir información. Según el investigador Albert Mehrabian, en una situación donde hay incongruencia entre lo que se dice y cómo se dice, solo el 7% del mensaje corresponde a las palabras, mientras que el 38% lo transmite el tono de voz y un 55% el lenguaje corporal.
Las emociones forman parte esencial de la experiencia humana. Afectan a cómo interpretamos la realidad, cómo reaccionamos ante los demás y cómo nos situamos en el mundo. Aunque existen emociones básicas compartidas por todas las personas —como la alegría, la tristeza, el miedo o la ira—, su interpretación y vivencia varían enormemente según el contexto, la historia personal o el momento vital de cada individuo. Una misma situación puede provocar risa en una persona y angustia en otra, y eso, si no se comprende, puede generar malentendidos, distancia o incluso prejuicios.
La elección de una palabra como “ALEGRÍA” implica una toma de conciencia sobre las emociones que atraviesan el día a día, y permite iniciar procesos de reflexión colectiva desde el arte. Además, trabajar dichas emociones aportan herramientas que pueden ayudar en el presente a construir relaciones más conscientes y en el futuro a sostener actitudes que favorezcan la convivencia y el bienestar común.
Ramiro Adrada, artista de audiovisuales nos transmitía cómo el móvil para una de las sesiones realizada en el IES La Senda de Madrid ha sido el medio para que los chicos y chicas pudieran expresar sus gustos, sentimientos, emociones.
El trabajo con la identidad personal y las relaciones que establecemos con otras personas se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre cómo nos construimos y comunicamos. Mostrar lo que somos no siempre es sencillo, y muchas veces depende del entorno, del momento o del vínculo que mantenemos con quienes nos rodean.
Hay situaciones cotidianas que, aunque pueden parecer inusuales desde fuera, forman parte de las costumbres, gustos o hábitos personales. Este ejercicio de puesta en común de ello en el IES La Senda de Madrid ayudó a desdibujar la idea de "normalidad" como algo único y fijo, y a entender que lo particular, lo singular o lo poco común, también puede ser motivo de conexión, de reconocimiento mutuo y de personalidad.