En un mundo saturado por la imagen digital, el uso de filtros en redes sociales y aplicaciones fotográficas se ha convertido en un fenómeno cotidiano, especialmente entre niños, niñas y adolescentes. Estos filtros, que modifican el rostro, el cuerpo o el fondo de una imagen, plantean una peligrosa confusión entre realidad y ficción, alimentando una percepción distorsionada de uno mismo y generando metas aspiracionales imposibles de alcanzar.