Las acrobacias se apoderan del CEIP Valdemera de Velilla de San Antonio


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El circo tiene una capacidad muy concreta dentro de la escuela: convierte el cuerpo en una herramienta de aprendizaje, pero también en un espacio de cuidado, de confianza y de relación con los demás compañeros y las demás compañeras. Una acrobacia no se sostiene solo con fuerza o destreza. Necesita atención, escucha, preparación y conciencia de cómo se mueve cada parte del cuerpo. Eso es lo que se ha trabajado en el CEIP Valdemera de Velilla de San Antonio junto a Jesús Irimia, artista de circo.

En este caso, el proceso ha ido avanzando desde distintas prácticas propias de la disciplina circense hasta llegar al terreno de las acrobacias. Lo importante no está solo en el resultado, sino en todo lo que lo hace posible, estas son las palabras del artista:

En el CEIP Valdemera llevan dos meses descubriendo el circo. Han pasado por los arriesgados malabares, por los equilibrios y han buceado como auténticos payasos para acabar haciendo maravillas acrobáticas. Para poder hacerlas han tenido que calentar convirtiéndose en unas ‘cucharitas’, unas que se deslizan entre unas colchonetas que les libran de la lava del suelo. Así han aprendido cómo cuidar su cuerpo a la hora de jugar con él. También han aprendido mucho sobre portores y ágiles, descubriendo cómo cuidarse y ayudarse mutuamente a cargar todo su peso. Abril y mayo han venido muy fuertes y pronto llega el verano para que podamos seguir jugando con todas estas maravillosas acciones.

Una de las claves de estas sesiones es aprender qué significa ser portor o ágil no es solamente conocer una función dentro de una figura acrobática. Es comprender que el cuerpo propio y el de los demás compañeros y las demás compañeras merecen atención, respeto y cuidado. El arte se relaciona así con la educación de forma directa, porque enseña a jugar, pero también a sostener, a proteger y a construir con otros y otras.

El trabajo con Jesús Irimia vuelve a mostrar que el circo puede ser una forma de aprender desde el cuerpo y desde la relación con el grupo. Y que, antes de llegar a una acrobacia, hay todo un proceso artístico que ya merece ser vivido.

 

 

 

El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid,  la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales  de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 a través del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.