La Fundación Yehudi Menuhin, con el pueblo y la cultura gitana

 

Este domingo 8 de abril se ha conmemorado el El Día Internacional del Pueblo Gitano, una fecha que recuerda el Primer Congreso Mundial romaní/gitano celebrado en Londres el 8 de abril de 1971 en el que se instituyó la bandera y el himno gitano.

Con motivo de la celebración de tan importante fecha, en la Fundación Yehudi Menuhin hemos querido mostrar nuestro apoyo al pueblo gitano y su cultura. Y dentro de su cultura está la música, fuente ingente de arte por parte del pueblo gitano.

Yehudi Menuhin expresó constantemente la admiración y fascinación que sentía  por la cultura gitana. “La primera vez que me encontré con los gitanos tenía 11 años, en una pequeña ciudad rumana. Estaba en un restaurante, con mi padre y su profesor, Georges Enescu. De pronto, violinistas gitanos se acercaron a nuestra mesa, comenzaron a tocar y quedé absolutamente fascinado por su música“. Y comenta en su biografía ‘El Viaje inacabado’, el tremendo impacto que produjo en un niño prodigio como él, rodeado de orden y disciplina, la libertad, el sentido del ritmo y la capacidad de improvisación de los músicos gitanos. “Pero a mí me entusiasmó descubrir que algunas melodías que tocaban esos violinistas gitanos eran muy similares a las melodías judías que siempre cantó mi padre. Tenían el común la misma capacidad de expresar la nostalgia y la tristeza“.

Aparece aquí ese contraste entre lo académico y la improvisación, que nos puede sonar a otros contrastes  entre emocional e intelectual,  que nuevamente son un conflicto cuando no somos capaces de sacar de cada uno de ellos lo mejor. En el ámbito educativo con demasiada frecuencia se ha planteado este debate en vez de enriquecer con las aportaciones de ambos.

Yehudi Menuhin, en 1994, reconoce que sería muy saludable que los músicos clásicos abrieran su cerebro y su corazón a otros tipos de música, y nos indica que es demasiado normal que los músicos clásicos se limiten a estudiar música clásica, obsesionados por técnica. “Yo siempre he estado acostumbrado a leer música y verdaderamente en la formación de un instrumentista clásico se deja poco espacio a la improvisación. Pero la música es, en su esencia, comunicación y es el vehículo ideal para expresar una cultura”.

El pueblo gitano ha sido demasiadas veces invisible y estereotipado, cayendo a veces en tópicos sin reconoce sus esenciales aportaciones a la música y la danza. Los Gitanos y Gitanas están presentes en las artes, si bien tradicionalmente se han formado de manera independiente, ajenos a las corrientes y modas de cada momento.

Al mismo tiempo es importante destacar también el interés de grandes creadores de todos los tiempos por la cultura y estética gitanas aunque, a veces mas desde una cierta ensoñación de los artistas y la sociedad que desde la realidad gitana, y muchas veces con cierto reduccionismos. Hay muchas músicas gitanas que emanan de Europa, que incluyen hasta el jazz o el hip-hop. Pero el mundo de la música clásica tiene una deuda histórica con el pueblo gitano. La cultura romaní lleva casi cinco siglos inspirando grandes compositores. La huella romaní se palpa en muchas piezas de compositores de fama universal como Franz-Josef Haydn, Beethoven, Schubert, Brahms y Antonin Dvorak.

No obstante, conviene explorar con más rigor la función creativa de los músicos gitanos y su papel en un terreno, como es el caso de la llamada música clásica, marcado por estrictas reglas clásicas, donde hasta las cadencias de un concierto deben estar escritas en papel pautado porque los intérpretes clásicos renunciaron al valor y al compromiso diario de la improvisación. De hecho, el valor de la improvisación está siendo reivindicado cada vez con más fuerza en conservatorios superiores y escuelas de elite, como parte fundamental de la creación musical, algo que saben, por propia experiencia, los especialistas en la música antigua y barroca. Al igual que en la educación, se pone en valor el tema del emprendimiento y la creatividad  en la búsqueda de la excelencia.

En el caso concreto de la música española, al desconocimiento generalizado de la aportación gitana se une la confusión y la distorsión provocada por siglos de tópicos, prejuicios y estereotipos que distorsionan por completo la identidad romaní. Sin la influencia gitana no existirían algunos de los grandes logros de Isaac Albeniz, Enrique Granados, Joaquín Turina o, naturalmente, Manuel de Falla, donde la influencia del flamenco y, de forma muy especial, del cante gitano, es patente en sus grandes obras. El flamenco aporta una bocanada de aire fresco a la música clásica, aunque sea muy difícil llevar a la plantilla sinfónica el ritmo y el pellizco que define el arte jondo. Manuel de Falla, que amó íntimamente este cante, buscaba esa atmósfera de libertad, esa sinceridad del intérprete, al crear ‘El amor brujo’. Los territorios de encuentro del flamenco y la música clásica son infinitos y en ellos tiene incuestionable relevancia la identidad gitana, que ha forjado, en definitiva, buena parte de la pureza flamenca.

El Programa MUS-E y la cultura gitana

En el ámbito educativo, la Fundación Yehudi Menuhin desarrolla el Programa MUS-E, que a través del arte aboga por favorecer la convivencia y la riqueza de la diversidad, y que a través de la cultura y las artes, fomenta valores de diálogo que consideramos fundamentales y necesarios para el fortalecimiento de una ciudadanía europea cohesionada, solidaria y respetuosa de su enriquecedora diversidad.

El Arte, el Arte con mayúscula, juega un papel excepcional.  Y en este marco  la cultura gitana, con su 10 millones de representantes en Europa, representa sin duda una expresión muy importante de esta diversidad como pueblo, que mantenemos viva la llama del sentimiento. Pocos pueblos han sabido transmitir como los gitanos  sus sentimientos cantando y bailando.

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