
El arte también educa cuando ayuda a escuchar el cuerpo, a sostener una postura con otros compañeros y otras compañeras y a encontrar un tiempo de calma dentro de la jornada escolar. Ese tiempo es el que precisamente se ha encontrado en el CEIP Encarna León de Melilla, en el que, unas imágenes y unas palabras remitidas por la artista de Yoga, Inma Gaitán, han descrito y resumido a la perfección el trabajo realizado de las siguientes imágenes:
EQUILIBRIO COMPARTIDO
En esta postura, los niños y las niñas exploran el equilibrio a través del apoyo mutuo. Al tomarse de la mano y sostener el pie en la postura del danzarín, el cuerpo se expande mientras aprende a estabilizarse en relación con el otro.
Beneficios físicos:
Esta postura mejora el equilibrio, la coordinación y la propiocepción. Fortalece piernas, tobillos y zona media, mientras abre el pecho y favorece la movilidad de la cadera. El trabajo en pareja añade un componente de ajuste constante que refuerza la conciencia corporal.Beneficios emocionales:
El equilibrio compartido fomenta la confianza, la cooperación y la comunicación no verbal. Los niños y las niñas aprenden a apoyarse mutuamente, a adaptarse y a encontrar estabilidad en la relación, desarrollando seguridad y vínculo.Reseña desde la neurociencia:
Las prácticas corporales en coordinación con otros, como el yoga en pareja, favorecen la regulación emocional y la conexión social. Investigaciones como las de Emma Seppälä señalan que las prácticas basadas en el cuerpo y la atención plena mejoran la resiliencia y el bienestar. Asimismo, estudios de Richard C. Schmidt sobre coordinación interpersonal muestran que el movimiento sincronizado con otros fortalece procesos de cooperación, atención compartida y vínculo social, aspectos clave en el desarrollo infantil.
CONFÍO
En esta postura, los niños y las niñas exploran la confianza a través del contacto y el apoyo mutuo. Espalda con espalda, uno se inclina hacia adelante mientras el otro se abre y se deja sostener, experimentando la entrega desde un lugar seguro y compartido.
Beneficios físicos:
Esta postura favorece la movilidad de la columna y la apertura del pecho, al tiempo que activa suavemente la musculatura postural. El contacto espalda con espalda proporciona un apoyo estable que permite relajar tensiones y tomar conciencia del propio cuerpo en relación con el otro.Beneficios emocionales:
El ejercicio de confiar y dejarse sostener fortalece la seguridad afectiva, la empatía y el vínculo. Los niños y las niñas experimentan la importancia de apoyarse mutuamente, desarrollando una sensación de calma, pertenencia y alegría compartida.Reseña desde la neurociencia:
El contacto físico seguro y el apoyo interpersonal activan sistemas neurobiológicos relacionados con la confianza y la regulación emocional. Investigaciones como las de Stephen W. Porges, a través de la Teoría Polivagal, muestran cómo las relaciones seguras y el contacto corporal favorecen estados de calma y conexión social. Asimismo, estudios de Tiffany Field evidencian que el contacto y el apoyo físico reducen el estrés y promueven el bienestar emocional en la infancia.
ROJO Y BLANCO
En esta postura, las niñas se encuentran a través del juego y el equilibrio, uniendo las plantas de los pies y sosteniéndose de las manos. El cuerpo se eleva mientras la conexión con la otra persona aporta estabilidad y ligereza.
Beneficios físicos:
Esta postura fortalece la zona abdominal y las piernas, mejora el equilibrio y la coordinación, y favorece la flexibilidad de caderas. El contacto de los pies y las manos activa la propiocepción y ayuda a organizar el cuerpo en el espacio.Beneficios emocionales:
El juego compartido genera alegría, confianza y complicidad. Las niñas experimentan el equilibrio no como un reto individual, sino como una construcción conjunta, reforzando el vínculo, la cooperación y el disfrute.Reseña desde la neurociencia:
Las actividades corporales compartidas que combinan equilibrio y contacto favorecen la integración sensoriomotora y la conexión social. Investigaciones como las de Adele Diamond destacan que el movimiento consciente y coordinado contribuye al desarrollo de las funciones ejecutivas en la infancia, incluyendo la atención y el autocontrol. Además, la interacción sincronizada potencia procesos de vínculo y empatía, fundamentales para el desarrollo socioemocional.
ME ESTIRO FELIZ
En esta práctica de estiramiento en pareja, los niños y las niñas exploran la movilidad de la espalda desde el apoyo mutuo. Sentados, uno guía suavemente el estiramiento mientras el otro se deja sostener, experimentando apertura, alivio y bienestar.
Beneficios físicos:
Este estiramiento favorece la elongación de la columna vertebral, mejora la flexibilidad de la cadena posterior y libera tensiones en la espalda y hombros. El trabajo asistido permite profundizar el estiramiento de forma segura, respetando los límites del cuerpo.Beneficios emocionales:
La experiencia compartida genera alegría, confianza y sensación de cuidado. El niño y la niña que se dejan sostener experimentan seguridad y relajación, mientras el niño y la niña que acompañan desarrollan atención, empatía y responsabilidad hacia el otro.Reseña desde la neurociencia:
Las prácticas de movimiento asistido y contacto seguro activan sistemas de regulación del estrés y promueven estados de calma. Investigaciones como las de Antonio Damasio subrayan la estrecha relación entre la experiencia corporal y la regulación emocional, mostrando cómo las sensaciones corporales influyen directamente en el bienestar. Asimismo, estudios en educación somática indican que el movimiento consciente y guiado en interacción social mejora la percepción corporal, la seguridad y la conexión interna.
MANDALA
En esta actividad, los niños y las niñas se sientan en el suelo y dibujan un mandala, entrando en un estado de atención sostenida y calma. El gesto repetitivo y creativo favorece la concentración y la experiencia de quietud activa.
Beneficios físicos:
La postura sentada en el suelo mejora la conciencia postural y la estabilidad del tronco. El acto de dibujar implica coordinación fina de manos y ojos, favoreciendo la motricidad fina y la precisión del movimiento.Beneficios emocionales:
El trabajo con mandalas promueve la calma, la regulación emocional y la reducción de la ansiedad. La repetición y la simetría del dibujo facilitan estados de concentración tranquila, ayudando a los niños y las niñas a centrarse y a sostener la atención de forma natural.Reseña desde la neurociencia:
La práctica de actividades artísticas repetitivas y estructuradas, como el dibujo de mandalas, se asocia con la activación de redes cerebrales relacionadas con la atención sostenida y la autorregulación emocional. Investigaciones en neuroeducación, como las de Howard Gardner, destacan cómo las actividades artísticas contribuyen al desarrollo de distintas formas de inteligencia, especialmente la intrapersonal. Además, estudios en atención plena señalan que las tareas visuales repetitivas pueden inducir estados similares a la meditación, reduciendo la activación del sistema de estrés y favoreciendo la calma mental.
TRIKONASANA
En esta práctica de Trikonasana en pareja, los niños y las niñas realizan un estiramiento lateral coordinado que abre el cuerpo hacia el espacio y hacia el otro. La postura se sostiene desde la expansión, la escucha y la alegría compartida.
Beneficios físicos:
Trikonasana favorece la apertura lateral del tronco, estira la musculatura de piernas, caderas y columna, y mejora la movilidad de la espalda. En pareja, el ajuste mutuo ayuda a afinar la alineación, potenciando el equilibrio y la conciencia corporal.Beneficios emocionales:
La apertura del pecho y la mirada compartida favorecen estados de expansión emocional, vitalidad y alegría. La práctica en pareja refuerza la cooperación, la confianza y la sensación de conexión, generando un clima de juego consciente.Reseña desde la neurociencia:
Las posturas de apertura corporal combinadas con atención consciente se asocian con una reducción de la activación del sistema de estrés y una mayor regulación emocional. Investigaciones en neurociencia del movimiento y la regulación emocional, como las de Richard J. Davidson, muestran que prácticas que integran cuerpo, atención y emoción pueden favorecer estados cerebrales relacionados con bienestar, flexibilidad atencional y afecto positivo. En contextos educativos, el trabajo corporal consciente en interacción social potencia la integración entre regulación emocional y vínculo interpersonal.
El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, la Consejería de Política Social, Salud Pública y Bienestar Animal de la Ciudad Autónoma de Melilla y la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.



