Día Internacional de la Paz: el legado de Yehudi Menuhin nos recuerda que la paz se construye entre todas las personas

 

Cada 21 de septiembre, Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de la Paz, una jornada establecida para fortalecer los ideales de paz y que, desde 2001, está también definida como un día de no violencia y alto el fuego. En este año 2026, cuajado de conflictos en todos los continentes, las Naciones Unidas recuerdan, bajo el lema “Invierte en la paz: para todas las personas, en todas partes y todos los días”, que la paz no es únicamente la ausencia de guerra, sino una realidad que requiere seguridad, dignidad, cooperación y compromiso cotidiano.

En un tiempo marcado por conflictos, violencia y vulneraciones de los derechos humanos en distintos lugares del mundo, sus consecuencias vuelven a recaer de manera directa sobre millones de niños y niñas. En el Día Internacional de la Paz, desde la Fundación Yehudi Menuhin España queremos volver a las palabras de nuestro fundador, el violinista y humanista Yehudi Menuhin, para recordar una forma de entender la paz que atravesó buena parte de su pensamiento y de su compromiso social.

Menuhin defendió el arte como una herramienta para el encuentro, la escucha y la resolución no violenta de los conflictos. Una convicción que expresó de forma directa:

“No puede haber un arte auténtico que esté conforme con el hambre, con el racismo, las bombas y la tortura”.

Para Menuhin, el arte no podía permanecer al margen de aquello que amenaza la dignidad de las personas. Su defensa de la paz partía también de la necesidad de comprender al otro y reconocer las diferencias sin convertirlas en motivo de enfrentamiento:

“Reconciliar al mundo es demasiado ambicioso, pero al menos podemos formar a los niños para ser respetuosos hacia las diferencias, que son lo único que nos permite aprender. Si todos fuéramos iguales no podríamos ofrecernos nada los unos a los otros, por eso no debemos temernos”.

El arte ocupaba un lugar central en esa búsqueda. Crear frente a destruir; escuchar frente a imponer; conocer frente a temer. Menuhin lo resumió en una frase que conserva toda su vigencia:

“En la creación tenemos abiertas incalculables puertas; en la destrucción solamente una”.

 

 

También entendía que la música y las artes podían enseñarnos una de las condiciones esenciales para la convivencia: escuchar.

“La música y las artes invitan a la participación y constituyen un antídoto contra los obstáculos a la armonía entre los hombres. Hacer música no es solamente tocar o cantar, es también escuchar. Al aprender desde su más tierna edad a escuchar al otro, el niño descubre lo que es la tolerancia”.

 

 

Esa defensa de la escucha estaba ligada a una responsabilidad que iba más allá de cada persona. “Hay heridas por todas partes. Hay que saber olvidar las propias e intentar curar la herida universal”, afirmaba Menuhin en 1997. Y también planteaba la creación artística como un camino para transformar aquello que nos enfrenta: “Cada ser humano tiene la eterna obligación de convertir confrontación en colaboración, ignorancia en conocimiento”.

En este 2026, declarado por Naciones Unidas Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible, estas palabras encuentran también una conexión con la participación social. La paz no depende únicamente de grandes acuerdos: necesita personas dispuestas a dedicar tiempo, escuchar, acompañar, colaborar y actuar en sus propias comunidades.

Esa idea está presente en SolidarizArte, el programa de participación social y voluntariado con el que trabajamos en territorios como la Comunidad de Madrid, Extremadura y Ceuta. A través del arte y de la acción voluntaria se generan espacios para la solidaridad, la convivencia, el respeto a la diversidad, la participación ciudadana y la prevención de la violencia. Son procesos que parten de lo cercano —los centros, los barrios y las comunidades— para trabajar valores que tienen una dimensión mucho más amplia.

Yehudi Menuhin planteaba precisamente esa responsabilidad compartida cuando afirmaba:

“Desde el arte, usando todos nuestros sentidos y desde el reconocimiento de la diversidad de las culturas, seremos capaces de dar a luz el verdadero respeto ajeno y el deseo de paz”.

 

 

En el Día Internacional de la Paz queremos recuperar sus palabras no como un recuerdo, sino como una invitación a actuar. Frente a la violencia, diálogo. Frente al miedo, conocimiento. Frente a la confrontación, colaboración. Frente a la destrucción, creación.

Porque construir la paz también significa asumir nuestra responsabilidad en los espacios que compartimos. Desde el voluntariado, desde el arte, desde la educación y desde nuestra vida cotidiana, todas las personas podemos contribuir a generar relaciones basadas en el respeto y en la defensa de los derechos humanos. Un papel que también tienen los poderes públicos.

Y es que, precisamente hoy, 21 de septiembre, el Congreso de los Diputados conmemora por primera vez en su Hemiciclo el Día Internacional de la Paz con un acto de homenaje a Pau Casals, coincidiendo con el 150.º aniversario de su nacimiento. Una celebración que recupera su legado musical y humanista y vuelve a situar la música como lenguaje universal y como instrumento para la defensa de la paz.

Os invitamos a ver la retransmisión de evento y a escuchar atentamente las palabras del discurso de la Presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, en el que puso sobre la base del poema  «Fin y Principio» de la premio nobel, Wisława Szymborska, ha repasado la situación actual del mundo y los horrores de la guerra:

 “Después de cada guerra/ alguien tiene que limpiar./ No se van a ordenar solas las cosas,/ digo yo./ Alguien debe echar los escombros/ a la cuneta/ para que puedan pasar/ los carros llenos de cadáveres./ Alguien debe meterse/ entre el barro, las cenizas,/ los muelles de los sofás,/ las astillas de cristal/ y los trapos sangrientos./ Alguien tiene que arrastrar una viga/ para apuntalar un muro,/ alguien poner un vidrio en la ventana/ y la puerta en sus goznes.”

Ese compromiso con la paz a través de la música y la cultura unió también a Yehudi Menuhin con Pau Casals, cuyo 150 aniversario se conmemora también en este acto. Ambos compartieron no solo escenarios y una relación de amistad, sino también una manera de entender la responsabilidad del artista ante la sociedad. Casals convirtió buena parte de su trayectoria en una defensa de la paz, la libertad y la dignidad humana, mientras Menuhin encontró igualmente en la música y en el arte un lenguaje capaz de tender puentes allí donde existían diferencias y conflictos.

Dos soñadores de la Paz que nos evocan las palabras de Yehudi Menuhin: “Soñamos con un mundo libre y sabemos que somos muchos los que tenemos esa esperanza. Soñamos que la paz no es solo una preparación de la guerra”.