
A veces una sesión de danza no empieza de pie, ni con una coreografía cerrada, ni con una música marcada desde el primer momento. A veces empieza en el suelo, en la relación con el propio cuerpo, en la atención a los demás compañeros y las demás compañeras y en la construcción de un clima de confianza, ese clima es el que se ha creado durante las sesiones de este curso del CEIP Sagrado Corazón de Madrid, donde el trabajo desarrollado junto a Rosa Castillo, artista de danza, muestra una línea centrada en la escucha corporal, el cuidado y la coordinación en grupo.
En una de las fotografías se observa a niños y niñas repartidos por el espacio, muchos de ellos y ellas tumbados en el suelo mientras otros compañeros y otras compañeras se sitúan cerca, acompañando la acción. La imagen sugiere una dinámica de atención al cuerpo, de pausa y de relación desde la cercanía. No todo en la danza pasa por el desplazamiento o por el movimiento continuo. También forma parte de ella aprender a parar, a percibir cómo está el cuerpo y a compartir el espacio con respeto.
La segunda imagen muestra a un pequeño grupo sentado en el suelo, con las manos enlazadas y los pies en
contacto, en una propuesta que parece requerir equilibrio, coordinación y apoyo mutuo. Ese tipo de ejercicio hace visible una de las aportaciones más claras de la danza en la escuela: moverse no consiste solo en ejecutar una acción individual, sino en ajustar el propio gesto al de los demás compañeros y las demás compañeras, sostener una forma común y descubrir que el grupo también ayuda a encontrar estabilidad.
El trabajo en el centro se ha centrado en el cuerpo, en ellos y ellas mismas, porque en eso consiste la danza. El cuerpo se convierte en una vía para escuchar, para confiar y para construir relaciones dentro del aula desde otro lugar. Hay trabajo de suelo, propuestas compartidas y una atención clara a la relación entre niños y niñas.
Este proyecto ha sido posible gracias a la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, a la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.