Construimos una comunidad desde las familias y el arte en el CEIP San Bernabé de Trijueque (Guadalajara)

 

El programa MUS-E no se limita al trabajo en el aula, sino que extiende su alcance a toda la comunidad educativa, incorporando a las familias como parte activa del proceso. La participación del entorno cercano permite reforzar los valores trabajados desde el arte y consolidar una red de convivencia que trasciende el espacio escolar.

Hace unos días compartíamos una noticia sobre esta misma experiencia en el CEIP San Bernabé de Trijueque desde la mirada de la artista de artes escénicas Inma Haro. Hoy recogemos el punto de vista del propio centro, que completa y amplía la comprensión de lo vivido durante esta sesión de formación en la que participaron 22 personas:

Las familias comparten una sesión muy bella con sus hijos y/o hijas. A través de las sillas construyen una comunidad con valores como el respeto, la comunicación…

Además, al quitar las sillas se reflexiona sobre lo que no se debe hacer: pegar, insultar; y se toma conciencia sobre la facilidad de destruir algo que se ha construido.

Por otra parte, se trabaja la colaboración mutua entre las familias, el profesorado y el alumnado; y seguimos en nuestro objetivo de construir una comunidad educativa con los valores trabajados.

 

La propuesta parte de un elemento cotidiano como las sillas para construir una experiencia simbólica. A través de dinámicas escénicas, las familias, junto a niños y niñas y docentes, generan estructuras colectivas que representan la comunidad. El gesto de retirar esos elementos introduce una reflexión directa sobre la fragilidad de lo construido y sobre la responsabilidad compartida en el cuidado de las relaciones.

Este tipo de sesiones permiten que el arte actúe como mediador, facilitando la expresión, el diálogo y la toma de conciencia. La experiencia compartida entre generaciones refuerza la comprensión de los valores trabajados y favorece una implicación más profunda en la vida del centro.

Desde la metodología MUS-E, estas acciones consolidan la idea de que la educación es un proceso colectivo. La colaboración entre familias, profesorado y alumnado no solo mejora la convivencia, sino que genera espacios donde los valores no se explican únicamente, sino que se viven.

El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Consejería de Bienestar Social de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco de los programas EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia y EmpoderArte.