El yoga, más allá de una práctica física, es una disciplina que conecta cuerpo y mente, fomentando el equilibrio, la atención plena y la autorregulación emocional. En la infancia, aprender a parar, respirar y observar lo que sentimos es una herramienta de enorme valor para interpretar mejor el mundo que nos rodea y responder ante él de forma más serena, empática y consciente.