Artes marciales para mejorar la atención y gestionar emociones en el CEIP Victoria Díez de Sevilla

 

La danza, la música o el teatro ocupan un lugar claro dentro de las artes, pero hay otras disciplinas que también trabajan con el cuerpo, con el ritmo, con la atención y con la expresión. Entre ellas está el Tai Chi, una práctica que une movimiento, respiración, concentración y visualización. No se trata solo de ejecutar una secuencia, sino de sostener una presencia, de habitar el gesto y de convertir cada postura en una forma de equilibrio entre cuerpo y mente. Por eso su relación con el arte es tan estrecha: porque trabaja la sensibilidad, la escucha y la capacidad de expresar desde el movimiento valores como la calma, la responsabilidad y el respeto.

En el CEIP Victoria Díez de Sevilla, el Tai Chi se ha convertido en una herramienta para mejorar la atención y ayudar a gestionar emociones. El trabajo no ha estado orientado a la competición ni al rendimiento frente a otros compañeros y otras compañeras, sino a la conciencia del propio proceso, al cuidado del cuerpo y a la relación entre imaginación, postura y naturaleza.

El artista de artes marciales, José Navarro, nos transmitía:

A través de las técnicas específicas del Tai Chi mejoramos la atención, tomamos responsabilidad y regulamos las emociones.

La atención se enfoca hacia nosotros de forma que al buscar la correcta postura, nos aislamos de las influencias externas. Tomando responsabilidad propia sobre nuestro progreso. Lo importante no es lo que pasa fuera, no competimos con los compañeros buscando ser mejor que ellos, sino sentirnos satisfechos con nuestro progreso. Al mejorar nuestra relación con el cuerpo, cambia la percepción y la forma de pensar y sentir la práctica. Por lo tanto, descubrimos que el Tai Chi nos ha aportado una herramienta de avance. 

También desarrollamos la imaginación (fuente de creación) a través de la visualización acompañada con el gesto. Cada técnica o postura representa un elemento: Agua, aire, éter, tierra y fuego. Cuando nos movemos debemos expresar y sentir dichos elementos de la naturaleza.

Cada postura implica una forma de atención y también una forma de representación. Sentir el agua, el aire, el éter, la tierra o el fuego a través del gesto convierte la práctica en una experiencia creativa, en la que cuerpo e imaginación trabajan juntos y juntas. Este proceso de aprendizaje y los resultados y habilidades adquiridas muestran que las artes del movimiento también pueden abrir caminos para concentrarse, tomar responsabilidad sobre uno mismo y una misma y aprender a regular lo que sentimos, y cómo lo mostramos.

 

Esta actividad ha sido posible gracias a la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía y al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 mediante el programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.