Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026: VoluntariArte trazó en Madrid una hoja de ruta para llevar el voluntariado y el arte a los centros educativos

 

Seguimos recuperando durante este Año Internacional de las Personas Voluntarias algunas de las experiencias que han formado parte del trabajo desarrollado en torno al voluntariado, la participación social y las artes. En esta ocasión volvemos a marzo de 2022 para recordar cómo VoluntariArte planteó desde sus primeros meses una hoja de ruta para acompañar a las personas voluntarias y trasladar posteriormente ese trabajo a los centros educativos.

La idea de partida era sencilla: una acción social no puede depender únicamente de la voluntad de hacer cosas. Necesita planificación, formación y unos objetivos que permitan saber hacia dónde avanzar. Por eso, VoluntariArte organizaba su desarrollo mediante una serie de pasos que comenzaban antes de llegar a las aulas y continuaban después de las propias intervenciones. La metodología MUS-E servía como marco para trabajar desde las artes y convertirlas en una herramienta educativa y de participación.

El primer paso se centraba precisamente en las personas voluntarias, con actividades de acogida y formación. A partir de ahí comenzaba un proceso de relación con los centros educativos y con toda la comunidad que los rodea: equipos docentes, niños y niñas, familias y AMPAS. El planteamiento entendía que un centro no funciona de manera aislada y, por eso, VoluntariArte buscaba también establecer contactos con asociaciones, establecimientos, servicios municipales y otros agentes presentes en los barrios.

Esa conexión con el entorno permitía ir configurando equipos de trabajo en los centros y diseñar junto a ellos los proyectos que se desarrollarían posteriormente. No se trataba, por tanto, de llegar con una actividad cerrada, sino de construir propuestas teniendo en cuenta la realidad de cada comunidad educativa y las posibilidades de colaboración existentes alrededor de ella.

El arte llegaba después al aula en horario lectivo. Las acciones artísticas se planteaban como una forma de generar vínculos y abordar conflictos desde un espacio en el que artistas y personas voluntarias acompañaban a los niños y niñas. Pero el recorrido tampoco terminaba ahí. La experiencia incluía la recogida de información, la elaboración de materiales y la difusión del trabajo realizado, tanto en los barrios como a través de materiales multimedia y redes sociales. Compartir lo trabajado permitía ampliar su alcance y generar nuevas conexiones con otros centros y otras personas.

La evaluación constituía el último tramo de este camino. VoluntariArte contemplaba específicamente la valoración de la satisfacción de los voluntarios y voluntarias, teniendo en cuenta el tiempo, la energía y la implicación que aportaban. Conocer cómo estaban viviendo el proceso permitía identificar aquello que funcionaba y también los aspectos que necesitaban modificarse. La evaluación se entendía así como una herramienta para seguir creciendo y comprobar si el programa estaba respondiendo a las necesidades detectadas en cada comunidad.

Detrás de cada taller o acción que después vemos en un centro hay también acogida, formación, contacto con las familias y el entorno, creación de equipos, seguimiento y evaluación. VoluntariArte mostró en 2022 que pasar a la acción desde el arte requería también construir previamente el camino para hacerlo.