Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026: VoluntariArte evaluó en Madrid cómo viven las personas voluntarias su implicación en los centros educativos

 

¿Qué ocurre cuando una persona voluntaria termina una actividad? ¿Cómo sabemos si su implicación ha sido útil, si ha encontrado su lugar dentro del programa o si el proceso necesita cambios? En 2022, VoluntariArte incorporó estas preguntas a su propio desarrollo mediante las primeras evaluaciones realizadas con la metodología EvaluArte, poniendo el foco no solo en las acciones realizadas, sino también en la experiencia de quienes las hacían posibles.

La noticia original, “VoluntariArte: primeras evaluaciones del programa con la metodología EvaluArte”, recogía ese momento del programa y mostraba una dimensión del voluntariado que a menudo queda menos visible: la necesidad de escuchar también a las personas voluntarias, conocer cómo están viviendo el proceso y utilizar esa información para mejorar.

VoluntariArte se planteaba desde el inicio como un programa estructurado, no como una sucesión de intervenciones aisladas. La formación, el acompañamiento, la presencia en los centros educativos y el trabajo desde las artes formaban parte del recorrido, pero también lo hacía la evaluación.

Poner en valor el voluntariado significa también reconocer que cada voluntario y cada voluntaria aporta tiempo, energía, conocimientos y disposición. Por eso, conocer su percepción resulta esencial. Una persona puede estar muy motivada al comienzo de una experiencia, pero esa motivación necesita sostenerse mediante acompañamiento, reconocimiento y una estructura que le permita entender qué aporta y cómo encaja dentro de un trabajo colectivo.

La metodología EvaluArte se incorporó precisamente como una herramienta para recoger información sobre el desarrollo del programa y analizar sus resultados. La evaluación permitía observar no solo qué se había hecho, sino también cómo se estaba viviendo desde dentro.

No basta con contabilizar cuántas personas colaboran o cuántas actividades se desarrollan. También es necesario saber si quienes participan sienten que su aportación tiene sentido, si disponen de recursos adecuados y si el programa responde a las expectativas y necesidades que se habían planteado inicialmente. En este sentido, la evaluación se convierte en una herramienta de mejora continua. Permite detectar aquello que funciona, identificar aspectos que requieren ajustes y tomar decisiones con una base más sólida.

Recuperamos hoy esta noticia dentro del Año Internacional de las Personas Voluntarias porque muestra una cara del voluntariado que merece la misma atención que las actividades más visibles. Formar, acompañar y evaluar son también formas de cuidar el compromiso de quienes deciden implicarse.

En este recorrido que estamos compartiendo durante 2026 queremos seguir destacando precisamente esas dimensiones menos evidentes de la acción voluntaria. Porque cada taller, cada intervención y cada proyecto se sostiene mejor cuando quienes los hacen posibles sienten que forman parte de un proceso cuidado, acompañado y abierto a mejorar.