
Celo, papel de horno, tijeras, folios y pinturas. Con estos materiales, una propuesta elaborada en 2025 mostraba cómo una acción voluntaria podía convertirse en un recurso educativo para trabajar las emociones a través del arte.
La experiencia quedó recogida en la noticia “SolidarizArte: Emociones en pegatina, creatividad al alcance de todas y todos”, publicada en abril de aquel año. En ella, personas voluntarias que desarrollaban sus prácticas en coordinación con universidades colaboraron en la elaboración de materiales pensados para su utilización en las aulas.
Una de esas propuestas tomó forma de videotutorial y planteó la creación de pegatinas caseras. El objetivo no se limitaba al aprendizaje de una técnica manual. Cada creación podía utilizarse para expresar cómo se sentían los niños y niñas y hacer visibles diferentes estados de ánimo mediante el dibujo y el lenguaje artístico.
De este modo, la acción voluntaria se trasladaba también a la preparación de herramientas que otras personas podían utilizar posteriormente en contextos educativos. La elaboración de recursos se convertía así en otra manera de aportar conocimientos, creatividad y tiempo, ampliando las posibilidades desde las que colaborar.
El videotutorial se planteaba además desde metodologías participativas y activas, incorporando el juego, la reflexión y la creación artística junto con el desarrollo de competencias digitales. Una propuesta que permite observar cómo voluntariado, universidad, arte y educación pueden encontrarse alrededor de un recurso concreto y aplicable.
Durante este Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026, recuperar esta experiencia permite visibilizar precisamente esa diversidad de formas de colaboración. La acción voluntaria no sucede únicamente durante una actividad presencial: también puede estar detrás de la preparación de materiales que después llegan a los niños y niñas y abren nuevos espacios para expresarse.