
315 voluntarios y voluntarias formaban parte en agosto de 2020 del trabajo desarrollado en torno a la solidaridad, la participación social y la educación desde el arte. Una cifra que, vista desde este Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026, permite acercarnos a la dimensión que había alcanzado entonces la acción voluntaria y, sobre todo, a la diversidad de formas desde las que era posible contribuir.
La noticia del Día Internacional de la Solidaridad: la FYME subraya su intenso trabajo en el marco del fomento de la solidaridad, fue publicada el 31 de agosto de aquel año y situaba a estas 315 personas voluntarias junto a más de 150 artistas y los equipos de estructura y delegaciones que desarrollaban diferentes acciones.
La publicación planteaba la solidaridad desde una idea concreta: pasar a la acción y preguntarse no tanto qué puede beneficiarnos individualmente, sino qué podemos hacer por otras personas. Desde esta perspectiva, la metodología MUS-E y las propuestas de Enred-Arte y Solidariz-Arte se utilizaban para trabajar desde las emociones, los valores y la creación colectiva.
El voluntariado aparecía así ligado también a la construcción de ciudadanía activa. La noticia defendía la necesidad de trabajar la participación social en los espacios educativos, donde niños, niñas, jóvenes y docentes pueden incorporar experiencias relacionadas con la solidaridad, la convivencia y el compromiso con su entorno.
Esta manera de entender la acción voluntaria encontraba además formas de expresión que no necesitaban grandes estructuras. La publicación recogía el ejemplo de África y Carmen, dos niñas de 5º y 6º de Primaria que durante sus vacaciones grabaron por iniciativa propia un vídeo sobre el medioambiente. Utilizaron un teléfono móvil para pedir que se redujera la contaminación por plásticos y mostrar cómo una iniciativa personal podía convertirse en una acción de sensibilización dirigida a otras personas.
Recuperar aquella publicación en 2026 permite observar el voluntariado como una red formada por cientos de personas, pero también como una suma de acciones concretas. Desde colaborar en proyectos educativos hasta utilizar los recursos disponibles para sensibilizar sobre un problema, cada aportación puede abrir una vía para implicarse en la comunidad.