Un claustro entero de profesores es «poseído» por el espíritu surrealista de los años 20 en el CEIP Ramón de la Sagra de A Coruña

 

¿Qué ocurre cuando el profesorado cambia por un momento su lugar habitual y experimenta en primera persona una dinámica que después puede trasladar al aula? El inicio de curso en el CEIP Ramón de la Sagra de A Coruña ha incluido una propuesta de formación junto a Luisa Valdés, artista de artes plásticas, en la que el claustro se acercó al surrealismo y a la creación colectiva a través de la técnica del “Cadáver Exquisito”.

La sesión comenzó con una introducción al legado artístico de Yehudi Menuhin y continuó con un viaje simbólico al París de 1920. A partir de ahí, profesores y profesoras trabajaron sobre papeles doblados en tres partes. 

Luisa Valdés lo cuenta así:

El inicio de curso ha arrancado con una intensidad sin precedentes en nuestro centro. Fuentes presenciales confirman que el claustro completo de profesores y profesoras fue ‘obligado’ a ponerse en los zapatos de sus propios alumnos y alumnas durante un taller de alto voltaje creativo.

Tras una introducción al legado artístico de Yehudi Menuhin, los docentes fueron arrastrados al París de 1920. ¿El objetivo? Desterrar la razón humana utilizando la mítica técnica del Cadáver Exquisito.

El experimento consistió en doblar papeles en tres partes para dibujar personajes a ciegas, sin saber lo que dibujaba tu vecino o vecina, un interesante trabajo por partes y en grupo (cabezas, troncos y extremidades flotantes). La sorpresa estalló cuando se desplegaron los folios: lo que comenzó como un ejercicio serio terminó en una oleada de risas incontrolables ante los monstruos resultantes. Tras bautizar a sus nuevas criaturas con rotuladores y ceras, el claustro demostró que la generosidad, el azar y el trabajo en equipo son las mejores herramientas para este nuevo curso. ¡Tiemblen, alumnos y alumnas, que su profesorado viene más creativo que nunca!

Están listos y listas para aplicar esta increíble dinámica en sus propias aulas.

 

 

La actividad permite comprender desde la práctica cómo una creación puede construirse sin que una sola persona controle el resultado. El azar, la aportación de cada integrante del grupo y la unión final de las distintas partes convierten el dibujo en una experiencia compartida. Las artes plásticas se transforman así en una vía para trabajar la escucha, la cooperación y la capacidad de aceptar aquello que otras personas incorporan al proceso.

 

Esto ha sido posible gracias a la Consellería de Educación, Universidade e Formación Profesional, la Consellería de Política Social de la Xunta de Galicia, la Fundación Paideia, el Ayuntamiento de A Coruña y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 mediante el programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia y EmpoderArte.