
Antes de llegar a los talleres, a las acciones en los centros o a los resultados que después pueden verse en imágenes y vídeos, hay una decisión previa que da sentido a todo lo demás: la de implicarse. En enero de 2022, la Fundación Yehudi Menuhin España arrancaba el año con VoluntariArte para la participación activa en el ámbito educativo, un programa nacido precisamente desde esa idea y desarrollado en colaboración con los centros educativos públicos del Ayuntamiento de Madrid.
La noticia que publicamos entonces partía de una afirmación clara: en el Tercer Sector, el voluntariado es imprescindible. Las personas voluntarias dedican parte de su tiempo a causas en las que creen y, con esa decisión, contribuyen a generar cambios en la sociedad.
El programa ponía el foco en los centros educativos como espacios desde los que trabajar esa participación. La intención era acercar el voluntariado a la realidad cotidiana de las comunidades educativas y ofrecer a quienes querían implicarse un marco desde el que hacerlo. De esta manera, la voluntad de colaborar podía traducirse en acciones concretas vinculadas a la educación, al arte y a la vida de los centros.
VoluntariArte planteaba también una cuestión que sigue siendo fundamental cuando hablamos de acción voluntaria: participar exige herramientas. No basta con querer ayudar. Es necesario comprender el contexto, formarse, encontrar el lugar desde el que cada persona puede aportar y aprender a trabajar con otras personas.
El propio programa se apoyaba en la metodología MUS-E para desarrollar ese recorrido desde las artes. La creación artística permitía abrir espacios de expresión, escucha y relación que podían servir también para trabajar valores vinculados a la participación social.
Recuperar hoy esta noticia resulta especialmente oportuno dentro del Año Internacional de las Personas Voluntarias. Nos permite volver al origen de un programa que nació poniendo en palabras algo que continúa siendo central: las personas voluntarias son una parte esencial de los procesos de transformación social. Su aportación no se mide únicamente en las horas dedicadas, sino también en la capacidad de generar vínculos, acompañar procesos y abrir nuevas posibilidades de participación.
Aquel arranque de VoluntariArte en 2022 proponía además una idea de ciudadanía que no se queda en observar lo que sucede alrededor. Participar significa asumir que cada persona puede tener un papel dentro de su comunidad y que ese papel puede ejercerse desde capacidades, conocimientos y motivaciones diferentes. El voluntariado se convierte así en una forma concreta de pasar de la intención a la acción.
Cuatro años después, volver sobre aquel comienzo nos ayuda a recordar por qué VoluntariArte nació precisamente con ese nombre. Unía dos elementos que forman parte del enfoque de la Fundación: voluntariado y arte. Dos caminos que, cuando se encuentran, pueden ayudar a generar participación, acompañar a las comunidades educativas y ofrecer a más personas la posibilidad de implicarse en la construcción de su entorno.