Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026: seis centros públicos de Madrid impulsaron un proyecto piloto en Educación Infantil con el apoyo del voluntariado

 

Seis centros educativos, una etapa concreta y una red de personas dispuestas a aportar tiempo y experiencia. Así comenzó en 2016 un proyecto piloto destinado a llevar la metodología MUS-E a Educación Infantil y que pudo ponerse en marcha gracias también a la colaboración de voluntarios y voluntarias de la Fundación Yehudi Menuhin España.

Esta iniciativa se desarrolló en seis centros educativos públicos de la Comunidad de Madrid gracias a la colaboración de las personas voluntarias de la Fundación y al convenio de prácticas establecido con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

Los centros seleccionados fueron el CEBIP Antonio Machado de Majadahonda, el CEIP Francisco Tomás y Valiente de Velilla de San Antonio, el CEIP Ramón María del Valle-Inclán de Madrid, el CEIP Ortiz Echagüe de Getafe, el CEIP Sagrado Corazón de Getafe y el CEIP Emilia Pardo Bazán de Madrid. Seis comunidades educativas diferentes unidas por un mismo proceso de experimentación y aprendizaje.

El proyecto estaba dirigido a incorporar la metodología MUS-E en Educación Infantil y contemplaba posteriormente una revisión por parte de la FYME junto con profesionales de las artes plásticas con experiencia docente y de aplicación de esta metodología. En ese recorrido, la aportación de las personas voluntarias cobra una importancia particular. Poner en marcha una experiencia de estas características requiere coordinación, acompañamiento y personas dispuestas a contribuir para que una idea pueda convertirse en trabajo concreto dentro de los centros.

Recuperar esta noticia durante el Año Internacional de las Personas Voluntarias nos permite fijarnos precisamente en esas aportaciones que no siempre ocupan el primer plano. Hay acciones voluntarias que se desarrollan de manera visible en una campaña o en un taller, pero existen también otras que ayudan a iniciar procesos, respaldar proyectos y ampliar la capacidad de una entidad para llegar a nuevos espacios.

En 2016, la colaboración de voluntarios y voluntarias ayudó a que este proyecto piloto pudiera desarrollarse simultáneamente en centros de Majadahonda, Velilla de San Antonio, Madrid y Getafe. Esa extensión territorial muestra también cómo la suma de distintas personas puede contribuir a ampliar el alcance de una propuesta educativa y artística.

La experiencia conectaba además voluntariado, formación y universidad. Junto a las personas voluntarias de la FYME, el convenio de prácticas con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid permitía incorporar otras personas en proceso de aprendizaje, generando un espacio en el que distintas formas de colaboración podían encontrarse alrededor de un objetivo común.

Diez años después, aquella experiencia en seis centros públicos madrileños nos permite seguir poniendo en valor el papel de las personas voluntarias dentro de la Fundación. Cuando alguien decide aportar parte de su tiempo, sus conocimientos o su disposición a colaborar, esa contribución puede convertirse en uno de los apoyos que permiten que un proyecto pase del papel a la realidad.