Disfrutando de las sesiones MUS-E junto a las familias en el CEIP García Morente de Madrid

 

Hay momentos en los que el arte no solo sirve para crear una imagen, sino también para compartir un tiempo distinto entre niños y niñas, madres y padres, y docentes. Cuando las familias entran en la sesión y se sientan en el suelo junto a sus hijos e hijas para pensar, dibujar y decidir en común, la escuela se convierte en un espacio de encuentro real. Eso es lo que muestran las imágenes remitidas desde el CEIP García Morente de Madrid, donde las sesiones MUS-E se han vivido también junto a las familias.

Las imágenes remitidas dejan ver varios pequeños grupos trabajando sobre un mismo folio. En unas aparecen niños y niñas con personas adultas alrededor del papel; en otras se aprecia cómo se va construyendo un dibujo entre varias manos, con turnos, observación y aportaciones compartidas. No hay una sola persona que decida todo, sino un proceso en el que cada uno y cada una suman algo para que la creación avance.

Dibujar juntos y juntas no consiste solo en trazar líneas o añadir colores. También implica escuchar propuestas, respetar el turno del otro y de la otra, ponerse de acuerdo y aceptar que una imagen común se construye desde distintas miradas. El papel acaba recogiendo algo más que una escena o una forma: recoge una manera de relacionarse.

 

 

Las imágenes sugieren además una experiencia muy ligada a la cercanía. Las familias no aparecen como observadoras externas, sino dentro de la actividad, compartiendo el mismo espacio y el mismo proceso que niños y niñas. Esa presencia tiene un valor claro dentro de la metodología MUS-E, porque permite que madres y padres comprendan desde dentro qué significa crear en grupo, cómo se trabaja en el aula y qué tipo de aprendizajes se ponen en juego cuando el arte entra en la escuela.

En este caso, la propuesta parece apoyarse en lo sencillo: un folio, unos rotuladores, un grupo reunido alrededor y una idea que se va construyendo poco a poco. Y, sin embargo, precisamente ahí reside su fuerza. El arte no necesita grandes medios para abrir un espacio de convivencia, imaginación y colaboración. Basta con una situación compartida que permita a niños y niñas y a sus familias pensar, dibujar y disfrutar juntos y juntas.

 

Este proyecto ha sido posible gracias a la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, a la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 mediante los programas EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia y EmpoderArte.