
Las emociones no solo se nombran: también se miran, se escuchan y se interpretan. En el teatro y en el cine, una misma frase puede cambiar por completo según el tono de voz, la postura corporal, el ritmo o la dirección de la mirada. Por eso, trabajar la expresión emocional desde las artes escénicas y audiovisuales permite ir más allá de la palabra y detenerse en algo esencial: cómo comunicamos lo que sentimos y cómo leemos lo que expresan los demás.
Desde ese punto de partida ha desarrollado su trabajo nuestra artista de artes escénicas y audiovisuales Eva Racionero con los alumnos y alumnas del CEIP Concepción Arenal de Leganés. En dos sesiones centradas en el teatro, la interpretación y su relación con el lenguaje audiovisual, los niños y niñas han explorado las conexiones entre la comunicación verbal y la no verbal, observando cómo cambia un mensaje cuando intervienen el gesto, la voz, la cara o el cuerpo.
La propuesta ha partido de presentaciones en las que cada uno y cada una debía expresar distintos estados a través de matices concretos: una forma de mirar, una determinada colocación corporal o una variación en el tono. A partir de ahí, el grupo ha ido compartiendo impresiones sobre lo que se entendía, lo que se sentía y lo que se transmitía, abriendo un diálogo sobre qué significa expresarse y cuántas maneras distintas existen de hacerlo.
En esa línea, una parte importante del trabajo se ha centrado en la mirada como herramienta de comunicación. Sostenerla, pasarla, modificarla según una emoción o un ritmo concreto ha permitido reflexionar sobre su papel tanto desde quien actúa como desde quien observa. También se ha trabajado con las posibilidades expresivas de la cara y de la voz, dos elementos fundamentales tanto en la escena como ante la cámara.
Otro de los ejercicios ha llevado al grupo a convertirse en escultores, escultoras y esculturas de las emociones. En pequeños equipos, han creado composiciones corporales para representar sentimientos como la alegría, el miedo, la tristeza, la ira, el asco, la sorpresa o el amor, recorriendo después ese “museo” de imágenes vivas para observar las creaciones de los demás. El cambio de roles entre quien construye y quien representa ha permitido profundizar en la observación, la empatía y la interpretación.
El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 a través del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia