
El baile ocupa un lugar importante en la educación cuando se entiende no solamente como movimiento, sino también como una forma de relación. A través del cuerpo, niños y niñas aprenden a situarse en el espacio, a coordinarse con otros compañeros y otras compañeras, a escuchar y a responder. Bailar implica atención, ritmo, equilibrio y confianza, pero también supone compartir un proceso con los demás. Por eso, dentro de MUS-E, la danza se convierte en una vía para aprender y convivir al mismo tiempo.
Eso es lo que puede verse en el trabajo desarrollado en el CEIP Pedro de Estopiñán de Melilla junto a José Andrés Pascual, artista de danza. A partir de la práctica de posturas y acrobacias vinculadas al baile, las sesiones han puesto el foco en la conciencia corporal y en la relación entre unos niños y unas niñas y otros niños y otras niñas dentro del grupo. Desde el centro lo resumen con una frase breve, pero muy clara: “En nuestras clases trabajamos las posturas y acrobacias características del baile y aquí mostramos un ejercicio donde nos juntamos.”
Ese “nos juntamos” contiene buena parte del sentido de la propuesta. Se trata de construir una secuencia corporal entre varios niños y varias niñas, ajustando el cuerpo propio al cuerpo de los demás, midiendo fuerzas, distancias y apoyos. En una actividad así, cada postura exige atención y cada acrobacia necesita cuidado, tanto hacia uno mismo y una misma como hacia quienes forman parte del ejercicio. El baile deja entonces de ser solo una técnica y pasa a ser una práctica de encuentro.
Además, trabajar estas posturas y acrobacias permite que niños y niñas desarrollen aspectos ligados al control corporal, a la coordinación y a la seguridad. Pero hay algo más: también aparecen la confianza mutua, la escucha y la capacidad de actuar en conjunto. ¿No es ahí donde la danza revela todo su valor educativo? El cuerpo piensa, aprende y se relaciona. Y cuando lo hace con otros compañeros y otras compañeras, el aprendizaje adquiere una dimensión compartida.
El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Inclusión Seguridad Social y Migraciones, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, la Consejería de Política Social, Salud Pública y Bienestar Animal de la Ciudad Autónoma de Melilla y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.