Yehudi Menuhin: el niño que quería ser Louis Persinger

Yehudi, de niño.

Sencillamente quería ser Persinger y con la misma franqueza propuse los medios para que tan envidiable situación tuviese lugar”. Todos y todas hemos tenido sueños de infancia, ídolos, gente a la que queríamos imitar, ser como ella, seguir sus pasos.

Yehudi Menuhin también fue niño. Y como niño, también soñó. En su caso, desde muy pronto, a muy temprana edad.

En este espacio ya hemos contado algunas de las vivencias de Yehudi, a través de su ‘Viaje Inacabado’, una autobiografía cuyas partes empezamos a compartir.

Yehudi Menuhin: el niño que quería ser Louis Persinger

‘Un Chevrolet y un violín pequeño’

Es el título del capítulo II de su ‘Viaje Inacabado’, unas páginas en las que Yehudi nos narra con una prosa preciosa y muy tierna cómo tuvo su primer violín. Un episodio que donde juega un gran papel Louis Persinger, el entonces violinista y profesor, nacido en New York en 1887 y a quien Yehudi aspiraba, con solo cuatro años, a parecerse.

Lo dice en ‘Un Chevrolet y un violín pequeño’, lo hemos señalado al principio del texto. “Sencillamente quería ser Persinger y con la misma franqueza propuse los medios para que tan envidiable situación tuviese lugar”.

¿Y qué medios eran esos? Yehudi quería un violín, pero a veces los deseos, en primera instancia, no llegan como queremos.

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“Sencillamente quería ser Persinger y con la misma franqueza propuse los medios para que tan envidiable situación tuviese lugar. No creo que mis padres encontraran la propuesta descabellada – después de todo, la infancia de Aba había dejado un precedente – pero probablemente la considerarían más caprichosa que urgente, y dudaron en invertir una parte de sus escasos ahorros en lo que podría ser el capricho de un niño. Comentaron mi petición a sus amigos y conocidos, como lo harían unos padres cariñosos, y el resultado final fue que recibí primero un violín de juguete y después uno de verdad.

Resulta paradójico, pero a la vez es ciertamente normal, porque Yehudi solo era un niño, que su primer violín fuera de juguete. Pero la amplitud de miras del Maestro quedaba clara en este momento de su vida porque con 4 años lo que deseaba era un violín de verdad.

Y lo tuvo, merced a la generosidad de su abuela, que envió un cheque desde Palestina por valor de 800 dólares. Los padres de Yehudi, como el mismo narra, emplearon ese buen dinero en un Chevrolet y en un violín, esta vez de verdad.

Yehudi Menuhin: el niño que quería ser Louis Persinger

Le costó a Yehudi y a su familia que el afamado profesor de violín tomara como discípulo a un niño de 4 años.  “Los principiantes de cuatro años no le ofrecían ninguna satisfacción a su ya satisfecha y ocupada vida. Entre la mejor y peor opción, la solución fue el estudio del Svengali local, Sigmund Anker, quien, con las técnicas de un sargento taladrante, transformaba chicos y chicas en virtuosos, por tandas”.

Los comienzos fueron duros, pero no olvidemos que hablamos de un niño que no había cumplido ni los 5 años. Fueron meses de pelea con el violín. Hasta que por fin, todo fluyó. “De repente, sin un motivo que pueda explicarse, el violín comenzó a hacerse menos extraño, mi agarre se relajó, mi cuerpo descubrió la libertad de perderse en sí mismo y pude disfrutar de lo que hacía. Por fin me había iniciado”.

Sencillamente quería ser Persinger y con la misma franqueza propuse los medios para que tan envidiable situación tuviese lugar”.

Tras ello, un segundo puesto en un festival que el propio Anker realizaba a modo de demostración o competición con su alumnado, le abrió las puertas a Yehudi de poder ponerse a las órdenes de Persinger.

Mi primera actuación en público fue un hito por más de un motivo: supuso el final de la era de Sigmund Anker. Ya fuera porque había llegado a la conclusión de que no tenía nada más que enseñarme, o muy probablemente por no haber sido capaz de interpretar mejor que Sarah Kreindler, Imma volvió a contactar con Louis Persinger. No tengo ni idea de las medidas de persuasión adicionales que utilizó, pero esta vez sí aceptó tutelarme”. Empezaba la gran formación musical del Maestro.

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