Los centros de educación especial desarrollan una labor educativa imprescindible, atendiendo a las distintas capacidades y necesidades de cada chico y chica desde un enfoque personalizado, creativo y cercano. En ese contexto, el arte se convierte en una herramienta especialmente valiosa para la integración, la expresión emocional, la mejora de la psicomotricidad y el desarrollo de habilidades sociales. Disciplinas como el yoga, por ejemplo, aportan beneficios concretos en la regulación emocional, el control postural y la atención, contribuyendo al bienestar físico y mental de quienes lo practican.