
A él, que tenía un gran corazón, se le paró de repente y nos ha dejado un gran vacío.
Son días muy tristes para la familia MUS-E, porque, si alguien ha encarnado ese espíritu MUS-E de entusiasmo, entrega, creación, imaginación, corazón y disponibilidad, era él.
Sabemos y sentimos que no se van; que las personas que queremos nos acompañan siempre, que están en la habitación de al lado, como decía una de sus hermanas recordando un texto de san Agustín. Pero no verle, no escucharle y no sentirle, siempre con palabras que alimentaban el alma, será muy duro.
Un ser de luz y una persona buena. El dolor sentido ahora es reflejo del inmenso amor que él siempre nos daba y regalaba diariamente. Siempre atento, pendiente de todo. Ramiro era como el extintor que le acompaña en la foto que encabeza esta entrada, siempre dispuesto a apagar cualquier fuego.

Cogiendo unas palabras prestadas, se nos ha ido como siempre era: en silencio, con discreción, casi por la puerta de atrás, pero dejando un gran vacío en el alma que no queremos rellenar, porque es su espacio, en cada una de nuestras vidas. Ha sido tan grande habernos cruzado contigo y haberte abrazado, que eso es con lo que nos quedamos.
No sabes cómo te echamos ya de menos. Hasta siempre, compañero.

Os dejamos con una frase que nos dejó en uno de los encuentros de Miraflores: “No todos los pájaros vuelan igual”. Pero él ha volado demasiado pronto.
Ramiro Adrada era como era también porque así era su familia. Desde aquí, nuestro cariño a su familia y nuestro más sentido pesar, especialmente a su madre, Pilar, voluntaria de la FYME, y a sus hijas, África y Carla, a quienes hemos visto crecer en los encuentros y actividades MUS-E. Porque Ramiro era un padrazo y tenía claro lo de conciliar, aplicar sus valores en su vida con coherencia y corresponsabilidad.

Compartimos el texto que nos ha hecho llegar su familia, de agradecimiento a la familia MUS-E. Sus palabras nos conmueven y las agradecemos desde el corazón:

