
Desde edades muy tempranas, los niños y niñas comienzan a interiorizar creencias, roles y prejuicios que configuran su manera de ver el mundo. Muchos de estos estereotipos —vinculados al género, al color de piel o a la profesión— llegan de forma sutil, a menudo sin una intención consciente, pero con una enorme carga social. Libros, películas, canciones, juguetes o la propia interacción con el entorno consolidan ideas como que el rosa “es de niñas” o que ciertos oficios “son de hombres”.
Este proceso de aprendizaje implícito, que puede parecer inofensivo, tiene consecuencias reales: limita las aspiraciones, condiciona el comportamiento y refuerza desigualdades estructurales. Por eso es tan importante generar desde la escuela espacios seguros donde identificar, cuestionar y transformar estos imaginarios colectivos.
En esta línea, el CEIP Emilia Pardo Bazán de Pontevedra ha desarrollado en sus sesiones MUS-E una propuesta artística y pedagógica que ha permitido al alumnado explorar estos condicionamientos desde el juego simbólico y la reflexión visual. De la mano de la artista Ana Gesto, han llevado a cabo un curioso experimento en el que, sin apenas decir una palabra, los estereotipos se han hecho evidentes. Así lo explica la propia artista:
En este proyecto presentamos tres figuras de Playmobil idénticas, pero de distintos colores: rosa, verde y negro.
Sin dar pistas ni usar adjetivos de género, pedimos al alumnado que imaginara qué profesión podría tener cada una.
La figura rosa se asoció a profesiones de cuidado, tradicionalmente femeninas.
La verde, a oficios como bombero o policía, relacionados con fuerza y acción.
La negra fue identificada en su mayoría como futbolista o deportista.
Los resultados revelan cómo los estereotipos de género y raciales ya influyen desde edades tempranas.
Un objeto neutral no basta para borrar los prejuicios que la sociedad transmite.
Este ejercicio nos invita a reflexionar sobre lo aprendido y lo que podemos transformar.
Educar en igualdad también es enseñar a mirar con nuevos ojos.”
A través de este trabajo plástico, se ha abierto una conversación necesaria en el aula sobre cómo percibimos al otro y qué filtros usamos para interpretarlo. Una experiencia que, desde la metodología MUS-E, sigue apostando por el arte como herramienta para la transformación social y educativa.