
Improvisar también es aprender a crear en el momento con lo que se tiene a mano. No hacen falta materiales complejos para abrir una experiencia artística rica cuando el grupo está dispuesto a observar, probar y responder a lo que ocurre. En propuestas como las que han
tenido lugar en el CRA Maestro Don Victoriano Mateos de Extremadura, el valor no está solamente en el objeto que se lanza o se atrapa, sino en la capacidad de adaptarse a los demás compañeros y las demás compañeras, de coordinarse y de construir algo común a partir de elementos sencillos.
De la mano de Sonia Rodríguez (Soñiky), artista de circo y artes escénicas, el centro ha convertido los malabares en un punto de partida para explorar la improvisación, la creación visual y la relación entre cuerpo, ritmo y grupo. La propuesta muestra bien cómo el arte se relaciona con la educación: no solo por lo que se crea, sino por la forma en que obliga a escuchar, a ensayar y a ajustar el movimiento propio al de los demás.
Así lo explica la artista:
Este trimestre el CRA Maestro Don Victoriano Mateos se ha convertido esta semana en un laboratorio de arte en movimiento. El alumnado del centro, guiado por la artista del Programa MUS-E, Soñiky, ha llevado a cabo un innovador taller de improvisación y creación utilizando elementos de malabares (pelotas, pañuelos y aros), donde los niños y niñas han diseñado sus propias rutinas visuales y coreografías expresivas.
El alumnado ha tenido que comunicarse sin palabras, adaptando sus movimientos al ritmo del compañero, lo que ha reforzado la empatía y la ayuda mutua en el aula. Lanzar un objeto al aire y atraparlo requiere concentración, pero coordinarlo con el movimiento de un compañero requiere empatía.
Pelotas, pañuelos y aros funcionan aquí como herramientas para construir secuencias, inventar rutinas y pensar el movimiento desde la relación con otros compañeros y otras compañeras. La improvisación añade además una capa importante: no todo está decidido de antemano, sino que cada gesto exige atención a lo que sucede y capacidad para responder en el momento.
El malabar no se entiende solo como destreza individual, sino como un lenguaje que también puede hacerse colectivo. Crear una coreografía expresiva con objetos obliga a mirar, a acompasarse y a sostener una escucha corporal que no depende de la palabra.
El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación y Formación Profesional de la Junta de Extremadura, a la Vicepresidencia y Consejería de Desregulación, Servicios Sociales y Familia de la Junta de Extremadura y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 mediante el programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.