‘La mirada’, por Albert López Vivancos

 

Cuántas cosas se descubren en la mirada de una persona. Podemos saber tanto del otro con solo mirarle a los ojos. A pesar de eso, muchas veces nos cuesta mirar al otro directamente a los ojos. Tememos que descubra aquello que no queremos mostrar. Pero ahora, la situación que vivimos nos obliga a mirar a los ojos. Ya no podemos mirar los labios de quien tenemos delante. Ha desaparecido la mitad del rostro que se esconde detrás de la obligada mascarilla.

Estamos aprendiendo a leer las miradas de aquellos con quienes nos cruzamos. Ya no podemos ver su rostro entero como hasta ahora. Nos vemos privados de una sonrisa o de una mueca que dice más que las palabras. Esta situación está provocando que nuestros ojos busquen, quieran o no, los ojos del otro con el fin de interpretar lo que no podemos ver. Instintivamente nuestras miradas se encuentran y un nuevo mundo de sensaciones se abre a nuestros ojos, nunca mejor dicho.

Ahora tenemos una nueva clave: mirar para ver, mirar para sentir. Y esta nueva realidad nos hace fijarnos en ese niño, en aquella abuela, en un hombre, en una mujer a la que no hemos sido capaces de mirar a los ojos. Y nos damos cuenta de cuántas cosas nos hemos perdido por no mirar de verdad.  

Ahora tenemos una nueva clave: mirar para ver, mirar para sentir. Y esta nueva realidad nos hace fijarnos en ese niño, en aquella abuela, en un hombre, en una mujer a la que no hemos sido capaces de mirar a los ojos. Y nos damos cuenta de cuántas cosas nos hemos perdido por no mirar de verdad.  

En este tiempo que hemos vivido encerrados en casa nos hemos dado cuenta también de la ausencia de todo lo que habitualmente nos rodea, más allá del mismo hogar: las calles de la ciudad para algunos, el campo y las montañas por otros, el mar… El reencuentro con la naturaleza se ha convertido en algo vital para la vida de muchos. ¿Cuántas veces antes no habíamos fijado la mirada en aquel paisaje que era un verdadero espectáculo para el alma porque no le dábamos ningún valor? ¿Cuántas veces no hemos alzado la vista para contemplar un cielo radiante o quizás lleno de estrellas? 

Ahora tenemos también la oportunidad de mostrar a los más jóvenes que es necesario mirar, observar, intercambiar las miradas y las sonrisas. Hemos de decirles que no se pierdan todo lo que nos hemos perdido aquellos que ya hemos andado un buen tramo del camino de la vida. Y todo por no mirar. 

Dicen que de todo se aprende. Ojalá que esta experiencia que vivimos, y que nunca nos había pasado por la cabeza que viviríamos, nos enseñe a leer las miradas de aquellos que nos rodean y así ser más humanos, mejores personas.

Dicen que de todo se aprende. Ojalá que esta experiencia que vivimos, y que nunca nos había pasado por la cabeza que viviríamos, nos enseñe a leer las miradas de aquellos que nos rodean y así ser más humanos, mejores personas. Ojalá aprendamos a mirar todo lo que nos rodea y así valorarlo de verdad y cuidarlo porque es vital para nuestra subsistencia. Porque es esa mirada la que nos hará ser mejores personas.

Albert López Vivancos es artista MUS-E de Cataluña. Aquí el Programa se desarrolla a través de la FYME, del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, del Consorcio de Educación, del Ayuntamiento de Barcelona y del Departament d’Educació de la Generalitat de Cataluña.

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