GenerArte: La emoción del voluntariado

 

“Nuestra sociedad tiene la obligación de transformarse para mejorar las vidas de todos aquellos que vienen a este mundo y no solo de aquellos que ya están aquí”.

Mark Zuckerberg

 

Muchas veces, como especie, nos centramos en el presente, en el ahora, algo que resulta paradójico pues, como individuos, vivimos permanentemente en el pasado y en el futuro. Esta disonancia puede provocarnos ciertos choques emocionales, pues, por ejemplo, en el campo del medio ambiente vemos como el calentamiento global hace estragos, pero como a nivel global, apenas se hace nada para remediarlo, pensando, exclusivamente, en el rendimiento económico actual.

Es en estas disonancias donde el voluntariado encuentra su razón de ser. Cómo donde no llegan otro tipo de entidades u organismos, las personas individuales, con su tiempo y cariño, marcan la diferencia. Una diferencia que repercute directamente en vidas, tanto animales, como vegetales como en nuestra propia especie. Porque hay un tipo de voluntariado casi para cualquier ámbito de la vida en este planeta.

Y esas repercusiones dejan una marca, en quien ejecuta las acciones y en quien las recibe. Experiencias, historias que merece la pena conocer y que desde el programa GenerArte acercamos a las comunidades educativas de los centros adscritos al mismo. Por eso hemos llevado a voluntarios y personas que han recibido su ayuda a los centros a que contaran sus historias a los alumnos, docentes y familias de los centros. Historias, a veces duras, en ocasiones tiernas pero siempre emotivas.

Y con esas emociones recientes, hemos reforzado el trabajo mediante el uso del arte como herramienta de transformación para que cada participante eligiera colores que representaran sus emociones y hemos creado nuevas obras derritiendo las ceras de color con secadores. De este modo no sólo hemos trabajado las emociones, sino proyectado nuestras acciones al futuro al trabajar el reciclaje de material que, de otro modo, sería desechado por su “falta de utilidad” presente.

 

 

Ese es el trabajo del programa, el ser capaces de pasar de la reflexión a la acción y que entendamos que cualquier aportación de los voluntarios, por pequeña que parezca, puede marcar una diferencia. Primero en nosotros, luego en nuestro entorno inmediato y, finalmente, en el conjunto de la sociedad, en este caso, de una ciudad como Madrid.

El programa es posible gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Madrid a través de su Dirección General de Participación Ciudadana.