“El Viaje Inacabado” de Yehudi Menuhin. Compartimos parte de la obra de nuestro fundador que refleja su filosofía vital

El maestro Yehudi Menuhin no sólo decidió crear la Fundación que lleva su nombre. Como toda persona activa y creativa empeñó su vida en una obra que, por definición, no podía acabar. De ahí que a su libro de memorias le pusiera por nombre “El Viaje Inacabado” (Unfinished Journey) pues, como el mismo reconoce en el extracto que compartimos hoy, que era un hombre con múltiples proyectos, pero todos encaminados a un fin que una sola vida no podía completar.

A lo largo de las próximas entregas conoceremos diversas facetas de Yehudi Menuhin, el niño prodigio que conmovió al mundo con su violín y que, tras conocer los horrores que puede cometer el ser humano, decidió volcar sus esfuerzos en Crear.

Porque desde la Creación artística se puede Crear una conciencia en el niño de uno mismo y de su entorno, modificarlo y, juntos, Crear un mundo mejor, en Paz y donde el ser humano se respete a sí mismo, a los demás y a la naturaleza.

Esa fue la semilla de la metodología MUS-E y de la Fundación Yehudi Menuhin que fundó hace 30 años con sede en Bruselas. En España creó la última sede en vida. En 2024 cumpliremos 25 años. un buen momento para empezar a compartir su legado escrito empezando por su conclusión, donde, en esta primera parte, reflexiona sobre el enorme mundo interior de los niños mientras él piensa en su propia finitud para terminar con una plegaria que compartiremos en futuras entregas:

 

El Viaje Inacabado

Conclusión

El otro día  me impresionó el interés y la respuesta de los alumnos de mi escuela de Surrey, cuando en nuestro diario encuentro matutino, en el que a veces me gusta hablar, pronuncié algunas palabras sobre religión. Nunca sospeché que éstas pudieran tocar una cuerda particular  en los niños. El encuentro es deliberadamente aconfesional, dadas las diferentes creencias y orígenes  de los alumnos; aquellos que lo desean tienen libertad para asistir  a un rito de su elección  una vez por semana, pero cada mañana nos concentramos antes de   trabajar en los tres elementos que considero básicos en un rezo y plegaria: un canto, un texto que provoque la reflexión y un momento de silencio. Esa mañana les hablé brevemente sobre los orígenes de la fe y la misteriosa secuencia del nacimiento y la muerte, suscitando cuestiones cuyas respuestas nunca serán conocidas  pero que la humanidad  ha tratado siempre de resolver a través de rituales y símbolos. Expliqué cuán abrumadora y universal es nuestra necesidad de creer en alguna continuidad y   sentido a la vida y cuán importante puede ser la religión para consolarnos después de la muerte de un ser querido. 

La intensidad de la respuesta de los estudiantes a lo que  les dije  me reveló la inesperada profundidad de la vida interior del niño. Cómo  he dicho,   no  sigo ningún credo en particular, pero  tengo un profundo respeto por todas las grandes enseñanzas religiosas. En 1989   la Universidad Católica de Lovaina me invitó a hablar del tema   y me descubrí    escribiendo mi propia    intima e  idiosincrática oración. En ella no se menciona a   Dios:   expresa lo mejor de mis propias aspiraciones y creencias, y  figura  al final de este libro. 

“Quedan muchas batallas por luchar, todas ellas relacionadas con la gran batalla universal por la paz y la justicia. Tengo numerosos esquemas prácticos en mente para restablecer la esperanza entre los seres humanos sobre la base de la necesidad y el respeto mutuos”.

Más pronto o más tarde  cada nacimiento debe convertirse en una muerte. A veces envidio la sencilla solución de los pueblos del desierto, que dejan sus cadáveres, envueltos de blanco, a merced de los animales salvajes y los elementos. He escrito mis propias notas sobre mis deseos personales en este tema y se basan en la idea de un alegre picnic en la ribera  de un río. Sólo pensar en ataúdes, iglesias, fuego, lápidas de piedra, monumentos y ceremonias,  es anatema para mí. Prefiero aquello que me permita reunirme lo más rápidamente con las fuentes de la vida, acompañado por   de música popular y danza. Si tiene que  haber discursos, que hablen aquellos que me conocieron bien. Que la ceremonia y los gastos sean los mínimos y que el dinero así ahorrado  vaya directamente a  mis escuelas. De vuelta a la tierra, bajo un árbol, o en un río, ésta es mi elección. 

Hasta entonces, sin embargo, todavía falta mucho por hacer. Quedan muchas batallas por luchar, todas ellas  relacionadas con la gran batalla universal por la paz y la justicia. Tengo numerosos esquemas prácticos en mente para restablecer la esperanza entre los seres humanos sobre la base de la necesidad y el respeto mutuos. 

También están mis propios compromisos profesionales, musicales, educativos, políticos y humanitarios. Sé que no soy eterno. Mi tiempo con Diana, mis hijos y nietos y la compañía de mis amigos me son cada vez más preciosos,  por lo que intentaré liberarme de algunas responsabilidades en el momento oportuno. Pero en el momento de escribir estas líneas, los compromisos sobre los que he construido feliz y agradecido mi vida tienen muchos años de perspectiva por delante. Mi viaje no parece todavía acabado, y tengo la esperanza de que los caminos que he trazado sean seguidos por muchos otros en las incontables generaciones venideras“.

 

Si quieres adquirir la obra original en inglés, accede aquí.

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