
Poner una etiqueta parece un gesto pequeño, pero puede condicionar la manera en que un niño o una niña son mirados, escuchados y comprendidos dentro del aula. A veces una palabra repetida termina fijando una idea sobre quién es esa persona, qué puede hacer o cómo se espera que actúe. Por eso, detenerse a pensar en los prejuicios en la infancia también forma parte del trabajo educativo. En el CEIP Albolafia de Andalucía, esa reflexión se ha abordado junto a Azahara Velasco, artista de artes plásticas, a través de un taller artístico colaborativo dirigido al profesorado del centro.
La propuesta ha permitido que los maestros y las maestras del colegio, situado en el Sector Sur, miren hacia el interior de esas etiquetas que a menudo aparecen en la escuela y piensen en su impacto emocional y conductual. El trabajo no se ha planteado desde una explicación teórica aislada, sino desde una experiencia compartida en la que el arte ha funcionado como herramienta para observar, cuestionar y expresar.
Ahí reside una de las aportaciones de las artes plásticas dentro de la metodología MUS-E. Crear en común ayuda a hacer visible lo que muchas veces permanece en el plano de las ideas o de los hábitos cotidianos. Un taller artístico permite parar, mirar con más atención y abrir un espacio de reflexión que no pasa solo por la palabra, sino también por la imagen, por el gesto creativo y por la construcción conjunta de sentido. En este caso, el arte se relaciona con lo trabajado porque ofrece una vía para pensar cómo afectan los prejuicios a niños y niñas y cómo esas marcas pueden influir en la forma en que se sienten, se comportan y se sitúan dentro del grupo.
La actividad desarrollada en este centro de Andalucía vuelve a mostrar que el trabajo con el profesorado también forma parte del sentido de MUS-E. Si los centros escolares quieren cuidar la convivencia y el desarrollo de niños y niñas, también necesitan espacios donde maestros y maestras puedan revisar miradas, prácticas y lenguajes. Reflexionar sobre las etiquetas en la infancia no es una cuestión secundaria: implica pensar cómo construir aulas en las que cada niño y cada niña puedan ser reconocidos más allá de los prejuicios.
Esto ha sido posible gracias a la colaboración de la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, a la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco de los programas EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia y EmpoderArte.


