El CEIP Real de Melilla cierra el curso MUS-E con una sesión de yoga centrada en el acompañamiento y la confianza

 

La práctica del yoga en la infancia, más allá de sus beneficios físicos, se ha convertido en una valiosa herramienta para cultivar la atención, la autorregulación y el vínculo con los demás. Cuando se integra en el aula desde una metodología activa como la del programa MUS-E, se transforma en un espacio de cuidado, crecimiento y conexión, donde cada postura es también una oportunidad para educar en valores.

Este curso, el CEIP Real de Melilla ha trabajado con la artista Inma Gaitán a través del yoga, desarrollando sesiones con el alumnado centradas en el cuerpo, la respiración y el vínculo afectivo entre iguales. La última sesión del curso fue una experiencia compartida que dejó momentos muy significativos, como ella misma relata:

Con tu apoyo es más fácil

En la imagen, un niño y una niña sostienen una postura en pareja, elevando los pies y mirándose mutuamente, lo que fomenta la confianza, la comunicación silenciosa, el apoyo emocional y una coordinación corporal.
Científicamente, se ha demostrado que el yoga en parejas fortalece la atención conjunta, promueve la conexión emocional a través del contacto visual y activa respuestas calmantes en el sistema nervioso, favoreciendo el equilibrio emocional y social en los niños. Peck et al. (2005) encontraron mejoras significativas en la atención, el contacto visual y la regulación nerviosa tras una intervención regular de yoga en niños.

 

Alineando tu rodilla


En esta imagen, vemos cómo el yoga se convierte en un espacio de cuidado mutuo. Una de las niñas ayuda a otra a alinear su rodilla, mostrando que el aprendizaje no solo es individual, sino también compartido. Este tipo de interacción fortalece el trabajo en equipo, el sentido de pertenencia y la empatía.
Diversos estudios en neuroeducación sostienen que cuando los niños colaboran básicamente en una tarea, se activan áreas del cerebro relacionadas con la co-regulación emocional y la construcción de vínculos positivos (Immordino-Yang et al., 2019). Además, el aprendizaje cooperativo en movimiento, como el yoga en grupo, mejora la atención, la memoria y la autorregulación.

 

Relajarse juntos

 


En esta escena, los niños descansan tumbados en el suelo, sumergidos en un momento de calma compartida. Uno de ellos sostiene con ternura el pie de su compañero, un gesto espontáneo que transmite seguridad, confianza y vínculo. El cuerpo descansa, pero el lazo entre ellos sigue presente, recordando que la relajación también puede ser un acto de acompañamiento.
La práctica de la relajación consciente en grupo ayuda a regular el sistema nervioso, reducir los niveles de cortisol (hormona del estrés) y fomentar estados de calma y conexión social. Estudios recientes muestran que este tipo de actividades, cuando se realizan en entornos seguros y afectivos, promueven el desarrollo de la empatía, la resiliencia y el apego saludable (Siegel, 2020; Perry & Szalavitz, 2017).

 

Guerreros al Sol

 


Los niños y niñas forman un círculo, cada uno en la postura del Guerrero I, irradiando energía, fuerza y presencia. Lo especial de este momento es que también participa su tutora, quien no observa desde fuera, sino que se integra plenamente en la experiencia, formando parte del círculo como una más.
Esta imagen transmite coordinación, colaboración y unidad. El círculo se convierte en un espacio simbólico de igualdad y apoyo mutuo, donde cada gesto compartido fortalece la conexión entre cuerpo, mente y grupo.
Desde un enfoque neuroeducativo, moverse en sincronía y realizar posturas de poder grupales aumenta la serotonina, mejora la autoeficacia percibida y fortalece el sentido de pertenencia (Ratey, 2008; Siegel, 2020). Cuando un adulto significativo participa, además, se refuerza el vínculo y la seguridad emocional del grupo, creando un entorno de confianza y crecimiento conjunto.

 

Sirsasana con apoyo

 


En esta imagen, un niño practica la Sirsasana (postura sobre la cabeza), una de las posturas más desafiantes y simbólicas del yoga, que trabaja el equilibrio, la concentración y la confianza en uno mismo. Está apoyado en la pared, y un compañero le sujeta los pies con cuidado y presencia, ofreciéndole seguridad y sostén.
Este gesto representa el valor del acompañamiento, del saber que podemos atrevernos a explorar lo difícil cuando sentimos que no estamos solos. La confianza mutua y el cuidado aparecen aquí como herramientas esenciales del aprendizaje compartido.
Desde la neurociencia, las posturas invertidas como Sirsasana estimulan el sistema vestibular, mejoran la irrigación cerebral y promueven estados de calma activa y claridad mental (Kjaer et al., 2002). Además, el componente social de recibir ayuda refuerza las conexiones empáticas y activa los circuitos de regulación emocional interpersonal (Cozolino, 2013).*

Con esta última sesión, el CEIP Real despide un curso en el que el yoga ha sido mucho más que una práctica física: ha sido un camino compartido hacia el respeto, la confianza y la conciencia colectiva. Una experiencia que, sin duda, deja huella en el cuerpo y en el corazón.

El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y a la  Consejería de Bienestar Social de la Ciudad Autónoma de Melilla