Día Internacional de la Mujer: ponemos en valor la figura de Hephzibah Menuhin, de Nadia Boulanger y de Rita Levi-Montalcini, cuya historia no ha sido tan conocida como otras que sí se tienen muy presentes

Hephzibah Menuhin y Yehudi Menuhin

 

Hephzibah Menuhin, Nadia Boulanger y Rita Levi-Montalcini, tres mujeres cuyo valor, trayectoria, historia y figura queremos subrayar con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra como cada año el 8 de marzo. Hacia ellas tres, la mirada de la Historia, de esa Historia que atiende más a otro tipo de imágenes, ha sido invisible por momentos

¿Por qué Hephzibah Menuhin, Nadia Boulanger y  Rita Levi-Montalcini? Porque las tres tienen una vinculación vital con el Maestro Yehudi Menuhin o con el legado que él dejó y uno de cuyos ejemplos es la Fundación Yehudi Menuhin España.

Tanto Nadia Boulanger (1887) como Rita Levi-Montalcini (1909) ya habían nacido cuando tuvo lugar la primera celebración internacional del Día de la Mujer, acaecida el 19 de marzo de 1911. Alemania, Austria, Suiza y Dinamarca fueron los países pioneros en celebrar un Día Internacional de la Mujer, conocido entonces como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Cuando en 1920 nacía Hephzibah Menuhin, esta fecha reivindicativa ya había sido adoptada por otros países y otro tipo de acciones se habían llevado ya a cabo, como la incorporación de la mujer a la universidad en España (8 de marzo de 1910) o el Día de la Mujer en tierras como la Unión Soviética, no solo sometidas a los estragos de la Primera Guerra Mundial, sino inmersas en una guerra civil.

Conforme pasaron las décadas y la sociedad mundial evolucionó, el papel de la mujer en ella fue mucho más determinante. Pero seguía habiendo desigualdad e injusticias. En 1972 la ONU declaraba el año 1975 como el Año Internacional de la Mujer. A la vez que a partir de ese citado 1975 el 8 de marzo de cada año pasaría a ser conocido como Día Internacional de la Mujer, cuyo centenario se celebró en 2011.

Ahora, en 2019, a pesar de que los pasos dados para una igualdad real entre hombres y mujeres han sido gigantescos, queda trecho por recorrer. En este 8 de marzo de 2019, queremos poner sobre la mesa el trabajo y el relato de tres mujeres que rompieron barreras y en algunos casos se deshicieron de los tradicionales corsés de su sociedad, para vivir su vida, dedicada a la ciencia, a las artes a la enseñanza y al servicio a los demás.

Hephzibah Menuhin (1920-1981)

Nacida en San Francisco, hermana del Maestro Yehudi Menuhin, el suyo fue un talento precoz que no supieron ver en la escuela de San Francisco, donde apenas estuvo unos días tras ser clasificada por los maestros como “educacionalmente atrasada”. Sus padres la sacaron del centro y la enseñaron a escribir y a leer en casa. A los 4 años empezó a recibir clases de piano de Judith Blockley  y más tarde de Lev Shorr. A los 8 años, Hephzibah Menuhin ya había dado su primer recital. Fue en 1928, en San Francisco. En 1933 grabó su primer disco con su hermano Yehudi Menuhin, catalogado ya como uno de los mejores talentos precoces del mundo. Ese disco, que era una sonata de Mozart, fue elegido como el mejor del año.

En 1938, durante una visita a Australia conoció a su primer marido, Lindsay Nicholas, lo que dejó en el dique seco sus planes de llevar a cabo su estreno en el Carneige Hall, de Nueva York. A pesar de que su nueva vida supuso en cierta medida un parón en su carrera musical, no la abandonó del todo y durante la Segunda Guerra Mundial dio conciertos junto con  Yehudi Menuhin, muchos de los cuales fueron a favor de la Cruz Roja y en apoyo a los huérfanos y refugiados de guerra.

En 1947, en una gira por los Estados Unidos y por Europa con el propio Yehudi Menuhin, Hephzibah visitó el campo de concentración de Theresienstadt en Checoslovaquia , una experiencia que la llevo a cuestionar sus supuestos políticos, religiosos y sociales. Desde ese momento empezó a hablar y escribir sobre las causas progresistas, entre ellos la educación y temas de la mujer. Una actividad que tuvo buen reflejo en la creación del Instituto para los Derechos Humanos y Responsabilidades, que lanzó en los años 50 con su segundo marido, el sociólogo austriaco Richard Hauser, con quien se trasladó a vivir a Londres. Junto con ello, Hephzibah siguió tocando al lado de su hermano por todo el mundo con la ‘Menuhin Festival Orchestra’.

En 1977 fue nombrada Presidenta de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, que promueve el desarme total de todas las naciones, para dos años después, hacer sus últimas apariciones profesionales en público, en 1979. Fallecería de una larga enfermedad el 1 de enero de 1981, a los 60 años. El 22 de febrero de ese 1981, Yehudi Menuhin dedicaba a su memoria el concierto que dio en el Carnegie Hall.

Yehudi y Hephzibah siempre estuvieron muy unidos, hasta el punto que el Maestro había descubierto en sus años conjuntos como niños prodigios, como cuenta en su biografía ‘El viaje inacabado’, que tenían un alma “siamesa”.

La vida de Hephzibah fue una aventura excepcional que, sin embargo, arroja el interrogante de cómo habría sido de haberse producido en otro contexto. El propio Yehudi reconoció que la figura de su hermana siempre vivió a la sombra de su brillo y existe el planteamiento de qué hubiera sido de ella si el Maestro no hubiera sido un hombre genial o Hephzibah hubiera nacido en un mundo en el que se reconocen por igual a los hombres y a las mujeres.

Rita Levi-Montalcini (1909-2012)

Si buscan la figura de una mujer longeva que extendió su labor por encima de los 100 años, acudan al relato de Rita Levi-Montalcini. Si lo que buscan es la historia de una mujer que rompió las normas de la sociedad italiana de la primera mitad del siglo XX, quédense también con Rita Levi-Montalcini.

Nacida en Turín en 1909, junto con su gemela Paola, Rita Levi-Montalcini fue quien decidió los ritmos y designios de su vida, algo completamente impensable para muchas mujeres en la férrea sociedad italiana. Según ella misma confesaría, su familia era de tintes victorianos y era su padre, ingeniero y matemático, la persona que había dibujado el rumbo vital de Rita y no ella misma. Esto era, para Adamo Levi, casarse y convertirse en madre.

Pero Rita siempre se revolvió contras esos planes paternos. Ella, hija de Adele Montalcini, una pintora de gran talento igualmente sometida por su marido, trabajó en una panadería con el fin de costearse esos estudios que su padre consideraba no eran para ella. Y lo hizo a pesar de ser alérgica a la levadura. Rompía barreras de todos los tipos, aunque las más grandes de la época eran dos: ser mujer y judía.

Retrato de Sofía Gandarias

Salvó todas las reticencias paternas y todos los escollos y en 1930 se matriculó en la Facultad de Medicina de Turín, donde se licenció en 1936 con los máximos honores. Se doctoró en neurocirugía. Sus primeros pasos profesionales los dio con el aclamado histólogo Giuseppe Levi hasta que las sombra del nazismo y del fascismo amenazó no solo a su carrera, sino a su propia existencia. En 1938, Benito Mussolini publicó el Manifesto per la Difesa della Razza que prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional. Sin embargo, este hecho no amilanó a Rita, quien trabajó en el dormitorio de su propia casa en los montes, durante la Segunda Guerral Mundial, huyendo de los bombardeos sobre Turín. En 1943, la cercanía del nazismo hizo que tuviera que marchar a Florencia. Nada de todo esto le hizo cejar en su empeño de trabajar en el sistema nervioso animal, llegando a pedir a los granjeros huevos para unos hijos que no tenía. Los huevos los destinaba al estudio en sus laboratorios caseros.

Acabada la II Guerra Mundial, disparó su carrera profesional. Invitada en 1946 por la Universidad Washington en San Luis, bajo la supervisión del profesor Viktor Hamburger, a una estancia de seis meses, terminó quedándose allí treinta años, donde realizó su trabajo de mayor importancia, acerca del Factor de Crecimiento Nervioso (nerve growth factor, en inglés y  abreviado con las siglas NGF). Profesora y directora del Centro de Investigación Neurobiológica de Roma durante la década de los 60, vivió entonces entre San Luis y la capital italiana. En 1986, precisamente por sus trabajos sobre el crecimiento nervioso, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, junto con el bioquímico Stanley Cohen, con quien en los años 50 había aislado el Factor de Crecimiento Nervioso, una proteína esencial para la supervivencia de las neuronas.

Rita Levi-Montalcini siguió trabajando y enseñando hasta prácticamente el final de sus días. Su preocupación por África y por la mujer africana es la que conecta su legado con la labor de la Fundación Yehudi Menuhin España. Tanto la FYME, con una ingente labor por y para África a través de diversas campañas de Derechos Humanos, como Rita siempre se acordaron del continente olvidado. En 2001, la científica dio forma definitiva a su lado más humanista hacia África al crear la Fondazione Levi-Montalcini Onlus. “Mi idea, con la fundación que lleva mi nombre, es darle a las niñas y mujeres africanas el privilegio de una educación, que les fue negado. En mi caso, en condiciones difíciles, seguí adelante con la investigación, hice descubrimientos que me llevaron desde el dormitorio a Estocolmo en pocas décadas”, declaraba en 2009 a la BBC. La profesora Rita Levi-Montalcini, como aseguran desde la web de la su fundación, “siempre consideró que la educación no solo es una condición esencial para el progreso en la vida de las mujeres, sino una cuestión de género”.

Murió en su casa de Roma el 30 de diciembre de 2012, a los 103 años de edad. Fue ella un ejemplo de persistencia, de romper moldes injustos y de mujer que enseñó el camino que muchas otras debería recorrer años después.

Nadie Boulanger (1887-1979)

La única de las tres mujeres que vio la vida durante el siglo XIX. Nadie Boulanger nació en París en 1887, hija de un profesor del Conservatorio de la capital francesa y nieta de una famosa cantante lírica. Esa vena artística estuvo siempre en la figura de Boulanger, profesora, directora de orquesta y compositora. La  labor pedagógica y de enseñanza es la que puso a Boulanger en relación con Yehudi Menuhin, uno de los ilustres músicos de la historia que pasaron por las manos de Boulanger, junto a otros de los mejores de siempre como Leonard Bernstein, Daniel Barenboim, Aaron Copland, Igor Markévich, Astor Piazzolla, Philip Glass o Quincy Jones

Católica devota y soltera solo comprometida “con la música”, Boulanger estuvo marcada para siempre por la muerte de su hermana Lili, lo que le hizo abandonar la composición en la época de la I Guerra Mundial para dedicarse de lleno a la enseñanza y a la labor de directora de orquesta. Como divulgadora de conocimiento, además de a Yehudi y a otros maestros universales, dibujó un mapa mundial de alumnos y alumnas donde no había distinciones, algo que hay que poner en valor para el momento en el que se dio, en plena Guerra Fría. Rusos, estadounidenses, judíos de la diáspora, españoles del exilio, franceses, alemanes, latinoamericanos o italianos pasaron por sus manos, con París como epicentro de todo, después de la II Guerra Mundial. Durante la misma, esa labor didáctica tuvo su flujo en distintas universidades estadounidenses. Antes de la II Guerra Mundial, como directora de orquesta fue la primera mujer que dirigió un concierto para la Royal Philharmonic Society de Londres (1937), la Orquesta Sinfónica de Boston (1938) y la Orquesta Filarmónica de Nueva York.

Al igual que Hephzibah Menuhin y Rita Levi-Montalcini, Nadia Boulanger trabajó hasta el final de sus días. Su talento descomunal para el arte de la música hizo que las barreras erigidas contra las mujeres de la época fueran saltadas por ella. Sin embargo, ¿imaginan que hubiera sido un hombre el que hubiera desarrollado la carrera de Boulanger? No habría pasado desapercibido y sería mundialmente conocido.

Fueron Hephzibah Menuhin, Nadia Boulanger y Rita Levi-Montalcini tres figuras con un legado de compromiso y de amor por su trabajo, a la vez que peleaban contra las normas impuestas, contras las estructuras sociales que en cierta medida querían negar un papel importante de la mujer en la sociedad. Ellas tres estuvieron conectadas con Yehudi Menuhin o con los actos del Maestro. Fueron humanistas y comprometidas en busca de un mundo mejor donde la mujer tuviera el lugar que le corresponde. Por eso este texto, en honor a ellas, en este 8 de marzo de 2019, Día Internacional de la Mujer.

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