Carreras a cámara lenta en el CEIP Clara Campoamor de Madrid

 

El cine enseña a mirar el movimiento de otra manera. Un gesto que en la vida cotidiana pasa desapercibido puede cambiar por completo cuando se ralentiza, cuando entra en un encuadre o cuando se acompaña de una música que modifica su sentido. Por eso, trabajar recursos cinematográficos en el aula no solo acerca a niños y niñas al lenguaje audiovisual: también les ayuda a tomar conciencia del cuerpo, de la expresividad y de la relación entre acción, ritmo y emoción.

Esa ha sido una de las líneas de trabajo desarrolladas este curso dentro de las sesiones MUS-E en el CEIP Clara Campoamor de Madrid, donde el cine se ha convertido en la idea central de la programación del centro. A partir de referentes y ejemplos cinematográficos, la propuesta ha permitido conectar el arte con la expresión corporal, el teatro y la creación de situaciones compartidas en las que el grupo aprende desde la experiencia. En todo este proceso, la artista de teatro Eva Racionero ha estado presente con el alumnado.

Estas eran las palabras transmitidas:

Como la idea central alrededor de la que ha girado  la programación de centro y las sesiones MUS-E de este curso ha sido EL CINE, vinculamos  las actividades con conceptos, ejemplos y referentes cinematográficos.

Partiendo  de la película  Carros de fuego, trabajamos las carreras a cámara lenta. En dos filas, frente a frente. Primero salían  los componentes de una y corrían  a cámara lenta, mientras sus compañerxs de la otra fila animaban a los corredores, también a cámara lenta y con grandes gestos. Se trabajaban así, entre otras cosas, conceptos cinematográficos, teatrales, el control corporal y recursos para la comedia.

La cámara lenta obliga a que cada niño y cada niña regulen el cuerpo, sostengan la acción y tomen conciencia de cómo se mueve una mano, una pierna o una mirada cuando el tiempo parece expandirse. Al mismo tiempo, el grupo que observa y anima entra también en el juego escénico, exagerando gestos y expresiones para construir un efecto cómico y visual.

Ahí aparece una de las aportaciones más ricas del trabajo con el cine: permite entender que una escena no depende solo de lo que ocurre, sino de cómo ocurre. El ritmo, la posición del cuerpo y la expresividad cambian el significado de la acción. ¿Qué parece más épico, más cómico o más emocionante? Esa pregunta, que pertenece al lenguaje cinematográfico, se convierte aquí en experiencia directa.

 

Este proyecto ha sido posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, a la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 mediante el programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.

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