
El trabajo de la International Yehudi Menuhin Foundation se ha trasladado durante los últimos meses a centros de acogida, teatros, residencias y espacios dedicados a la cultura, la filosofía y el medioambiente. Las propuestas recogidas en la hoja informativa de mayo muestran cómo el cine, el teatro, la música y las herramientas digitales pueden crear espacios de expresión y encuentro para personas de distintas edades y procedencias.
En noviembre comenzó Le Cinéma des Rêves, un proyecto educativo cinematográfico de cinco meses desarrollado en el Centro de la Cruz Roja de Yvoir, en colaboración con Loupiote asbl, organización con más de veinte años de experiencia en el uso del cine como herramienta educativa y de expresión infantil.
Diez niños y niñas solicitantes de asilo, con edades comprendidas entre los nueve y los doce años, trabajaron mediante talleres de teatro e improvisación. A través de estas sesiones exploraron sus sueños, historias y aspiraciones, recurriendo a la creatividad y a la construcción de una narración colectiva.
El proceso culminó con la proyección prevista para el 25 de junio a las 17:30 horas en el Centro Croix-Rouge Yvoir “Le Bocq”, situado en Rue du Redeau 70. Tras la presentación se anunció un momento de encuentro acompañado de un refrigerio. La IYMF invitó también a seguir sus redes sociales y su blog para ampliar la información sobre el proyecto.
La creación colectiva ocupó igualmente el escenario del Théâtre National Wallonie-Bruxelles. El 25 de abril, la IYMF estrenó Pièces montées con motivo del 80.º aniversario del teatro, en una producción desarrollada junto al propio TNWB.
Durante varios meses, un equipo artístico formado por Zoé Suliko y Vincent Granger, responsables del sonido y la música; la poeta y escritora Laurence Vielle; el coreógrafo y embajador artístico de la IYMF Milton Paulo; y la compañía Sur le bout de doigts trabajó con distintos grupos. Esta compañía desarrolla espectáculos dirigidos a personas con discapacidad auditiva.
La propuesta reunió a veinte adolescentes con discapacidad auditiva, residentes de la Maison Gertrude, adolescentes de una escuela Montessori y jóvenes cantantes del coro de la ópera La Monnaie. La representación abordó la preparación de una celebración y los retos que la acompañan, incorporando testimonios relacionados con la historia del Théâtre National Wallonie-Bruxelles. La obra permitió reflexionar sobre el significado de celebrar, compartir y transmitir tradiciones.
La música también llegó a la residencia Serenia de Bouillon. El 19 de abril, la IYMF organizó un taller y un concierto del Dúo Celmaca, integrado por Patricia Hernández Van Cauwenberge y Osvaldo Hernández Nápoles. Su repertorio se centró en la música sudamericana y acercó sus ritmos, instrumentos y referencias culturales a quienes viven y trabajan en la residencia.
Diez residentes asistieron a un taller dedicado al uso de instrumentos de percusión sudamericanos. Después, el dúo ofreció un concierto de música folclórica y tradicional para las personas residentes, sus familias y el personal del centro. La actividad convirtió la música en una vía de relación entre generaciones y culturas.
Entre el 22 y el 24 de mayo, el Centro de Yoga y Ayurveda Tapovan acogió “Tout l’Univers – un Jardin”, iniciativa creada por Kiran Vyas y dedicada a la filosofía, las artes, la literatura y el medio ambiente. El encuentro partió de la idea de cultivar el jardín interior y vivir en relación con la naturaleza, invitando a pensar el universo como un espacio compartido de paz y equilibrio.
El festival reunió a autoras y autores, especialistas en ciencias, artistas, personas del ámbito público y responsables de distintas organizaciones. Marianne Poncelet, vicepresidenta ejecutiva de la IYMF, presentó el trabajo de la entidad y el proyecto Green Tales, orientado a mejorar la educación ambiental de niños y niñas que viven situaciones de desventaja en Europa mediante las artes y las herramientas digitales.
Estas iniciativas muestran que el trabajo artístico adquiere mayor alcance cuando existe cooperación entre organizaciones sociales, espacios culturales, profesionales de las artes y comunidades locales. Hacer visible esta labor cotidiana permite reconocer procesos que, aunque se desarrollen en contextos distintos, comparten una misma finalidad: utilizar las artes para escuchar, crear vínculos y generar espacios de convivencia.


