
Cada acción cuenta cuando se trata de construir comunidad. Esta idea estuvo presente en los talleres para la acción voluntaria desarrollados en centros de Madrid dentro del proyecto SolidarizArte, donde niños y niñas trabajaron conjuntamente para comprobar cómo las aportaciones individuales pueden formar parte de una transformación compartida.
Una de las propuestas llevó por título “Creamos un mundo mejor con plastilina”. Sobre el suelo y sin partir de un escenario previamente establecido, cada niño y cada niña fue incorporando una parte hasta construir entre todos y todas un paisaje colectivo.
El trabajo no se limitó al resultado plástico. Colocar cada elemento implicaba observar lo que otras personas habían aportado, decidir cómo integrarlo en el conjunto y dialogar sobre una composición cuyo equilibrio dependía de todas las contribuciones. De esta manera, una actividad artística permitía trasladar al espacio educativo una idea directamente relacionada con el voluntariado: la comunidad se construye mediante la implicación de quienes forman parte de ella.
Las personas voluntarias tienen un papel dentro de este proceso. Aportan su tiempo, experiencia y compromiso para acompañar estas experiencias educativas y reforzar las redes comunitarias. Junto al profesorado y las familias, contribuyen a generar espacios de colaboración en los que niños y niñas pueden acercarse desde la infancia a la participación y al papel que cada persona puede desempeñar en su entorno.
Durante el Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026 recuperamos este trabajo porque permite representar visualmente uno de los principios que sustentan la acción voluntaria: ninguna aportación tiene que transformar por sí sola el conjunto, pero el conjunto no puede construirse sin aportaciones individuales.
El paisaje realizado con plastilina terminó convertido así en una imagen de esa construcción compartida: distintas manos, decisiones y contribuciones formando parte de un mismo espacio.