
Seguimos recuperando durante este Año Internacional de las Personas Voluntarias algunas de las experiencias que permiten entender cómo la acción voluntaria se ha incorporado a diferentes líneas de trabajo de la FYME. En esta ocasión volvemos a 2020 para recordar una propuesta en la que el compromiso de voluntarios, voluntarias y personas colaboradoras resultó clave para mantener vivo el trabajo de sensibilización en torno al continente africano y la defensa de los Derechos Humanos.
La noticia publicada entonces se centraba en el trabajo de Enred-Arte y Solidariz-Arte y partía de una idea que sigue teniendo recorrido: la defensa de los Derechos Humanos y el conocimiento del continente africano no pueden quedar reducidos a una fecha concreta. Por eso, incluso durante el periodo de trabajo online, las acciones continuaron gracias también a la implicación de las personas voluntarias y colaboradoras, que contribuyeron a mantener la difusión y el contacto con niños, niñas, jóvenes y sus entornos.
El voluntariado aparecía así como una parte activa del proceso. No se trataba únicamente de acompañar una actividad ya diseñada, sino de colaborar en una red orientada a sensibilizar, movilizar y generar un conocimiento más cercano de otras realidades. El proyecto buscaba que quienes se implicaban pudieran convertirse también en agentes que dinamizaran el trabajo y favorecieran la participación, conectando personas y comunidades desde el arte, la educación y la cooperación.
La publicación recordaba que este trabajo se desarrollaba desde una metodología de intervención social basada en las artes. A través de ella se proponían acciones en escuelas, espacios públicos, centros culturales y espacios de formación, buscando favorecer el diálogo intercultural y trabajar valores vinculados a la convivencia. Dentro de ese recorrido, la implicación voluntaria permitía ampliar las posibilidades de las propuestas y contribuir a que estas llegaran a otros ámbitos y a otras personas.
Uno de los objetivos era acercar la realidad del continente africano a la sociedad española, desmontar estereotipos y fomentar actitudes ciudadanas responsables y solidarias. El trabajo en los centros educativos incorporaba también a familias y docentes, creando una red de participación y compromiso social. La acción voluntaria encontraba ahí una función especialmente relevante: sumar tiempo, conocimientos y capacidad de movilización para que las propuestas no quedaran circunscritas a una sesión, sino que pudieran extenderse a la comunidad.
La dimensión alcanzada por aquella red queda reflejada en un dato recogido expresamente en la publicación de 2020. Hasta ese momento había trabajado en el programa un gran número de voluntarios y voluntarias, coordinados y coordinadas con el personal técnico, y se habían generado redes de colaboración con ONG, asociaciones y organismos públicos en distintos territorios, entre ellos Andalucía, Canarias, Ceuta, Extremadura, Madrid, Melilla y Murcia.
Además, aquella noticia permite volver hoy sobre el proyecto a través de varias piezas audiovisuales. La publicación incorporaba vídeos relacionados con el Día de África, el homenaje a Nelson Mandela, la campaña Enséñame África y propuestas como “Derechos humanos por narices”, “Iluminando nuestros derechos” o “Muévete por tus derechos”. Esos materiales muestran algunas de las formas que adoptó un trabajo construido alrededor de la sensibilización, la participación y el compromiso con los Derechos Humanos.
Recuperamos esta experiencia en 2026 porque permite mirar el voluntariado desde su capacidad para tejer redes. Cada voluntario y cada voluntaria aporta algo más que tiempo: contribuye a que las ideas circulen, a que los proyectos encuentren nuevos espacios y a que cuestiones como la convivencia, la interculturalidad o los Derechos Humanos puedan seguir formando parte de la conversación colectiva.
Aquel trabajo de Enred-Arte y Solidariz-Arte nos recuerda así una dimensión esencial de la acción voluntaria: cuando distintas personas deciden implicarse alrededor de un objetivo común, su aportación puede conectar centros, familias, asociaciones, entidades y territorios. Y precisamente en esa capacidad de sumar esfuerzos encontramos una de las razones por las que el voluntariado continúa siendo una herramienta para pasar de la reflexión a la acción.