
“Vivir es el arte de amar. Amar es el arte de cuidar. Cuidar es el arte de compartir. Compartir es el arte de vivir. Si deseas elevarte a ti mismo, eleva a otra persona”.
Booker T. Washington
En el mundo existe gente que llega donde otros no lo hacen, que son capaces de construir tiempo para dedicarlo a los demás, personas que ven lo invisible, individuos con una fuerza sobrehumana capaces de sobreponerse a cualquier tragedia y tirar de una multitud para sacarla del shock. Parecen tener súper-poderes. No en el sentido de los cómics, sino poderes reales, de los que son capaces de transformar el mundo. Y no, no son súper-héroes, son voluntarios.
Personas que se involucran en el día a día de su entorno más cercano y crean comunidad y ciudad. Que transforman, con sus acciones, el mundo que les rodea y que parecen poder con todo, casi siempre, con una sonrisa o una palabra amable.
Es este tipo de acciones y personas las que queremos fomentar desde el programa GenerArte que desarrollamos gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Madrid para trabajar en la mejora de la ciudad desde el individuo.
Todo ello empleando una metodología contrastada que emplea el arte como elemento vertebrador y que se articula desde un trabajo integrado mediante la dimensión social, la dimensión cultural, la dimensión artística y la dimensión educativa. Porque desde el Arte planteamos la intervención una práctica social transformadora inmersa en los retos que enfrenta la humanidad, como herramienta fundamental para la sensibilización y consecución de los objetivos desde la creatividad e imagina otros mundos posibles hacia los que hemos de orientar la acción para conseguir nuevas metas. Trabajamos desde la experimentación y el desarrollo de la inteligencia emocional con el fin de adquirir nuevas competencias que permitan identificar y abordar los problemas transversales y desigualdades que inciden en el marco de la Agenda 2030.
En la entrada de hoy os contamos que hemos trabajado el tema de los superpoderes que hablábamos antes uniéndolo a un tema muy conocido por los niños y niñas de los centros en los que se desarrolla el programa: los Pokemon. Es, además, un tema transversal e intergeneracional que nos ha permitido un trabajo intergeneracional al ser conocido por padres e incluso abuelos de los alumnos y de toda la comunidad educativa.
Con esa excusa hemos creado nuestros propios Pokemon y les hemos dotado de poderes, unas habilidades que usarían para mejorar su entorno, lo que nos ha obligado a reflexionar y mirar con otros ojos la realidad para ver sobre qué querríamos actuar. Porque esa es otra de las capacidades del arte, el mostrar la realidad bajo un prisma diferente, pero no por ello menos impactante. Ahora toca pasar a la acción desde cada uno de nosotros. Eso es VoluntariArte.
El programa es posible gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Madrid a través de su Dirección General de Participación Ciudadana.



